–“¿Quién, ante el amor, se atreve a nombrar el infierno?

¡Maldición eterna para el soñador inútil

que quiso el primero, en su insensatez,

seducido por un arduo y estéril dilema,

mezclar las cosas del amor con la honestidad!

Baudelaire Poemas Prohibidos

Por Roberto A. Barriga/El Andaluz

Calor, es lo primero que sentí al levantarme para ir al Cementerio General a recordar en Todos Santos a esas personas cuyos restos andan por el lugar. Lluvia. Se siente justica cuando llueve por dentro y caen gotas desde el cielo.

Los rostros de los que adquieren flores, o están fuera del supuesto campo santo cambian automáticamente al cruzar la puerta del cementerio general de Tarija, la mirada solemne aparece en sus rostros, es casi como un reflejo, un acto enseñado, una muestra de respeto o sinceridad, no veo mi rostro así que uno se guía por el de los demás.

Ir al cine a observar a los espectadores, es ver una película dentro de una película decía cierto profesor, pasa en los teatros y en todo lugar donde se tiene que hacer una exposición, dentro de la ritualidad existe un campo fértil para observar la performatividad, el cementerio es un lugar de observación de varios hábitos que no entran ahora en este espacio.

Automáticamente pasando las tumbas más lindas y vistosas (hay clases sociales hasta para los muertos) se avecinaba traída por mis pasos una figura descollante, no es que la corporalidad era diferente de los demás, tampoco vestía en desorden con la moda que rodeaba el lugar, entre tantas personas con caras solemnes armando flores, rezando y limpiando nichos estaba él, con una cara que, si decía otra cosa, él estaba ahí a casi al frente de la Terra Sacra.

Llevaba unas gafas negras estilo Ray Charles, dientes blancos y manos maltratadas, eran manos de un trabajador, ásperas y con dedos gruesos. R.R parecía estar sonriendo por dentro, no era una sonrisa sardónica, sino mas bien como el anuncio de algo gracioso, es como cuando alguien espera reír por un chiste, uno bueno.

Muy poca gente nota lo obvio, y es algo obvio que el trabajo de un periodista es preguntar, R.R jamás pensó que le preguntarían ese día sino más bien fue en busca de respuestas.

El hermano de R.R. agricultor y transportista, dejó junto a su padre, un mecánico, sus restos en el cementerio general de Tarija. 

R.R vino tras una década de un país vecino a visitar a su familia, cuando logró su cometido descubrió que su padre y su hermano habían muerto, como no hubo contacto con ningún familiar hace varios años, los restos fueron llevados a la fosa común, la Terra Sacra junto con alrededor de 70 mil restos.

Ariel Zamora es Administrador del cementerio general de Tarija desde el año 2005, y sostiene que cada cinco años se remueven restos de los lugares de entierro y son depositados en la fosa común.

Este año son alrededor de 80 personas que ingresaron a la fosa común, según Zamora se tiene registro de todos los fallecidos en su gestión.

Al pasar un tiempo considerable el procedimiento para remover los restos de una tumba es simple, pues caben en una bolsa, la Terra Sacra tiene una abertura donde se tiran los restos mortales, es un espació bastante amplio, que nadie ingreso sin antes ser residente del cementerio. Claro excepto los que lo sellaron y construyeron. Definitivamente no es un destino turístico.

El cementerio funciona desde 1929, pero se tuvo registro oficial de todos los que ingresan desde 1947, pero no sobre Terra Sacra, es imposible saber cuantos restos fueron a parar ahí.

Muchas personas (70 mil) tienen a sus familiares en el lugar donde llevan los restos de todos que no pagan sus cuotas anuales, tras acumular deudas por cinco años son retirados, pero, algunos llegaron hasta una década de permanecía gratis en un lugar con su nombre.

R.R se sacó las gafas y dejo salir la sonrisa vaticinada, “al menos hay miles ahí con ellos, no están solos” el optimismo sobresaltó a más de un alma. Hace muchos años habría partido de Tarija por motivos que lamenta, eso lo incomunicó de su padre y hermano, el cementerio mas que un lugar de visita, es “para recordar que la tristeza solo pertenece a los vivos”.

Esa frase comparable con Cioran, Schopenhauer, se quedó en una mirada hacia la fosa común, no hay nada más intimo que la muerte, ni nada más pacífico, es solo la vida la que trae toda esta bulla, lágrimas, risas y toda clase de sabores y vértigos. Dejó de llover, aunque las gotas seguían cayendo, al final en la noche el cementerio cerró sus puertas, y la paz perteneciente a los cuerpos gobernó una vez más la oscuridad.

Cementerio General de Tarija

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