Durante su homilía dominical, el arzobispo de Santa Cruz Sergio Gualberti reafirmó las palabras del papa Francisco, quien “ha definido que el aborto es un homicidio y quien hace aborto mata, y que no es justo matar una vida humana para solucionar un problema”.

Citó los mandamientos de Dios y la necesidad de amar unos a otros y recordó las palabras del evangelista San Juan, cuando afirmó con claridad: “quien dice amar a Dios a quien no ve y no ama a su hermano a quien ve, es un mentiroso”.

Sostuvo que el origen de los males en el mundo está en que se ha separado el amor a Dios y el amor al prójimo. Amar a Dios y no amar al prójimo es desatender sus necesidades, es practicar una falsa religión y hacerse cómplices de las injusticias y opresiones. Pero también pretender amar a los demás sin amar a Dios es exponerse al peligro de caer en ideologías totalitarias, discriminadoras y excluyentes, indicó.

Gualberti manifestó que la mayor parte de los mandamientos se refieren en general al respeto de la vida y dignidad de la persona humana, el respeto en justicia de los medios de vida y bienes del otro, la práctica de la verdad y la honestidad, rechazo del adulterio, la condena de la envidia, la codicia y la acumulación de bienes.

Señaló que ese mandato también alcanza al ser humano que está brotando en el vientre de la madre, por eso cuando se hiere o se quita la vida, se está hiriendo o quitando la imagen de Dios y nadie ni un Estado tiene derecho de hacerlo, dijo el prelado.

Recordó que el papa Francisco el pasado miércoles tuvo palabras iluminadoras al momento de bendecir a unas campanas y que tienen un nombre muy preciso: la voz de los no nacidos para exhortar a un compromiso en favor de la defensa de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural.

Explicó que, en septiembre del año pasado, lanzó un llamado para que estas campanas despierten la conciencia de los legisladores y el 15 de septiembre último, a su retorno de Eslovaquia, definió que el aborto es un homicidio.

“Con estas palabras queda claro que la defensa de la vida de todo ser humano y, por tanto, del niño por nacer, el rechazo de la pena de muerte y la eutanasia son un mandato de Dios para la Iglesia y para todo creyente en Cristo y una exhortación para todos”, dijo monseñor Gualberti.

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