Maximiliano Rusconi

El escenario de la política nacional (argentina) no deja de sorprendernos. Como si el pensamiento de la derecha, ideológicamente hablando, no tuviera suficiente representación, ahora vemos un interesante impulso que pretende correr un poco el eje de la mano de la instalación de candidatos autodenominados como “libertarios” que, en el tiempo que les deja un frenético copy-paste, se dedican a demostrar que es posible defender ideas todavía más “liberales”.

Como siempre, hay que recordar junto con el lector que la auto-percepción no siempre es igual a la realidad. Si así fuera, nuestro éxito personal sería sin excepción perfectamente proporcional a nuestra autoestima. Décadas de psicoanálisis atestiguan la falsedad de esta insostenible regla de tres simple.

Si nos alejamos de estas subjetividades podemos reflexionar sobre qué cosa significa en verdad, en un estado de derecho, en un sistema republicano y democrático, la tendencia a hacer de la defensa de libertades un camino de propuesta política.

Me parece muy importante si es que pretendemos evitar algunas posibles confusiones: debemos recordar que en un contexto de plena dictadura e interrupción del sistema institucional, en nuestro país, mientras sucedían las mayores atrocidades que uno pueda imaginar, se oían voces también auto-asignadas como “libertarias” que apoyaban esa oscura, dolorosa y triste etapa de nuestro país. Incluso también en esa época se recurría a estrategias de marketing (los argentinos somos derechos y humanos). Cierto “liberalismo” se sentía genuinamente representados por ese régimen.

¿Podemos decir que la defensa de las libertades debe comenzar por el resguardo de la libertad ambulatoria? Pareciera que sí. Nadie debe ser encarcelado sin haber sido encontrado culpable de un delito que merezca ese tipo de pena ¿Algún liberal podría legitimar que alguien sea perseguido por el ejercicio legítimo del libre-pensamiento? Pareciera que no.

El liberalismo pretende recurrir a menudo a la idea de la meritocracia. ¿Algún liberal podría legitimar la entrega de la medalla de oro al competidor de 100 metros llanos que comenzó su corrida 30 metros más cerca de la meta que el que salió segundo? ¿Eso sería un homenaje al mérito? Creo que no y eso es lo que sucede cuando partimos de escenarios desiguales propios de una sociedad fragmentada.

¿No hay una relación entre ciertos déficit de formación y ciertos déficit de libertad?¿Quién sabe menos, no puede menos? Pareciera que sí. ¿Invocando el liberalismo no deberíamos potenciar la educación pública para igualar los niveles de libertad de todas y todos? Todo indicaría que sí.

Los monopolios, ¿no son contrarios a la idea de la libre competencia y las supuestas libertades de mercado? Los genuinos liberales ¿no deberían oponerse a esos monopolios y oligopolios multinacionales para garantizar esas libertades en el mercado? Creo que sí.

¿La libertad de información puede justificar las divulgación de falsedades a sabiendas que lo son? Supongo que no.

¿El resguardo de la libertad es contradictorio con los derechos esenciales a la salud, a la educación, al trabajo, a una vivienda digna, etc? No lo creo.

Quizá uno de los lemas más representativos en el universo del pensamiento político liberal y republicano vio la luz durante el movimiento revolucionario francés: libertad, igualdad, fraternidad. Según cuentan las crónicas de la época, Camille Desmoulins lo incluyó en su periódico en el año 1790. Luego lo toma Robespierre al reclamar la creación de las Guardías Nacionales de Francia que debían llevar en su uniforme una placa con esas tres maravillosas palabras. En 1793 ya un documento oficial de la Comuna de París disponía que los parisinos lo incluyeran en los frentes de sus casas.

Durante el siglo XIX ese fue el grito que llenó las gargantas y los corazones de republicanos y liberales que defendieron la democracia y lucharon contra la opresión.

¿Es concebible la libertad sin la igualdad y la fraternidad? Pareciera que no.

Como dicen los más jóvenes con espíritu retórico: “definime liberalismo”. Después seguimos. 

*El autor es Profesor de Derecho Penal y Doctor en Derecho de la UBA.

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