El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, que registra pérdida de popularidad, nombró el martes al frente del principal ministerio de su gobierno al senador Ciro Nogueira, representante de un bloque de formaciones de derecha y centroderecha que representan a un 60% de los diputados.

«Acabo de aceptar la honorable invitación del presidente Jair Bolsonaro para asumir la Casa Civil», una suerte de jefatura de gabinete, informó Nogueira en Twitter durante una reunión con el mandatario en Brasilia. 

Nogueira, de 52 años, es presidente de Progressistas (derecha), partido símbolo del llamado «centrao», al que Bolsonaro ha ido cediendo espacio tras llegar al poder con un discurso antisistema y contra «la vieja política».

Los legisladores de esos partidos se caracterizan por negociar votos a cambio de inversiones en sus estados y apoyan o derrocan presidentes según su conveniencia. Ello ocurrió con la mandataria de izquierda Dilma Rousseff (2011-2016), de quien muchos de ellos fueron aliados antes de votar su destitución.

Ese mercadeo de «toma y daca» para asegurar la gobernabilidad dio origen en las últimas décadas a numerosos escándalos e investigaciones de corrupción.

Bolsonaro perteneció durante sus casi 30 años como diputado a varios partidos del «centrao», pero para ganar las elecciones en 2018 con un discurso antisistema se afilió al ultraderechista PSL, con el que pocos meses después rompió.

Al principio intentó gobernar sin ellos, pero la erosión de su popularidad tras la irrupción de la pandemia de coronavirus lo obligó a ceder cada vez más espacio al «centrao», con la mirada puesta en las elecciones generales de octubre de 2022.

Este año, Bolsonaro apoyó la elección de dos destacados miembros de ese grupo político para presidir el Congreso, Arthur Lira (PP) en la Cámara de Diputados y Rodrigo Pacheco (DEM) en el Senado.

«Yo soy del ‘centrao’. Yo nací ahí», dijo la semana pasada al justificar su idea de nombrar a Nogueira.

La popularidad de Bolsonaro está en su nivel más bajo, 24%, por su caótica gestión de la pandemia y las sospechas de corrupción en la compra de vacunas anticovid. Él mismo está siendo investigado por supuestamente haber estado al tanto de irregularidades sin haberlas denunciado. 

Los sondeos indican que en las presidenciales de 2022 sería derrotado por su mayor rival, el expresidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010).

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