El Gobierno de Estados Unidos enviará esta semana un millón de dosis de la vacuna de Johnson & Johnson contra el coronavirus a Bolivia y otro millón de unidades de la de Pfizer a Paraguay, según informaron a EL PAÍS fuentes de la Casa Blanca. 

Estas entregas se suman una partida de otro millón y medio de dosis de la firma Moderna a Guatemala, que fue anunciada este martes para las mismas fechas, y reflejan una paradoja: cómo avanza la campaña de distribución prometida por el presidente, Joe Biden, para el resto del mundo, mientras se está ralentizando la inoculación dentro del país por el escepticismo y la apatía de una parte relevante de la población estadounidense.

En concreto, las dosis de Guatemala partirán este miércoles; las de Bolivia, el jueves; y las de Paraguay, el viernes. “Estamos compartiendo estas dosis no para asegurar favores o extraer concesiones, nuestras vacunas no llevan condiciones consigo. Hacemos esto con el único objetivo de salvar vidas”, recalcaron fuentes de la Casa Blanca.

Los envíos forman parte del lote de 80 millones de dosis que Biden se comprometió a repartir por el mundo el pasado mayo, con la prioridad en los países más desfavorecidos.

La Administración de Biden se había resistido durante los primeros meses a permitir la exportación de vacunas y se había centrado en acelerar la expansión dentro del país.

Pasados los primeros 100 días de mandato, cuando la campaña de inoculación había alcanzado una buena velocidad de crucero, el demócrata abrió las compuertas.

Además de los 2.000 millones de dólares aportados al mecanismo de cooperación multilateral Covax, Washington se ha comprometido también a comprar 500 millones de dosis de Pfizer-BioNtech para distribuirlas a lo largo del año a 92 países de ingresos bajos y la Unión Africana. Según la Casa Blanca, “se trata de la mayor donación de vacunas comprometida por un solo país”.

El problema con el que el demócrata se encuentra ahora, de hecho, consiste en los millones de estadounidenses que siguen sin vacunarse y que han llevado a su Gobierno a incumplir la meta que parecía al alcance de la mano: que el 70% de los adultos hubiese recibido al menos el primer pinchazo para el 4 de julio.

El pasado martes, el presidente imploró de nuevo a los ciudadanos: “Por favor, vacúnense ahora. Funciona. Es gratis y nunca ha sido más fácil ni más importante. Háganlo por ustedes y por la gente que les importa, por sus vecinos, por su país. Quizá les suene a algo manido, pero [vacunarse] es un acto patriótico”.

El ritmo de inoculación, que en abril alcanzó un pico diario de 3,38 millones de dosis inyectadas en un día, se sitúa ahora en un promedio diario inferior al millón. Un 67% de los adultos ha recibido una sola dosis y solo el 58% se encuentra completamente vacunado.

Biden señaló que el Gobierno apostará ahora por acercar aún más las vacunas a las comunidades, fomentando los centros de vacunación en empresas o distribuyéndolas en las consultas de los médicos de cabecera.

Deja un comentario