Las consecuencias del ‘Plan Colombia’ de EE.UU. apoyado por el rey Juan Carlos I

Luis Gonzalo Segura

Según ha informado un medio español este lunes 7 de junio, España apoyó de forma decidida y singular el ‘Plan Colombia’, ejecutado por Estados Unidos entre los años 2000 y 2016 bajo la disculpa de impulsar económicamente el país, combatir el narcotráfico y encontrar solución al conflicto armado. En los comienzos del plan, como sucede en la mayoría de las intervenciones norteamericanas en el mundo, los Estados Unidos trabajaron en la internacionalización del mismo, de tal manera que, aunque su mano ejecutora fuera más que evidente para los analistas, su implicación pública quedó diluida. Para ello, claro está, se mantuvieron numerosas reuniones, la mayoría de ellas absolutamente opacas a la ciudadanía pública y no pocas rozando la traición y hasta lo grotesco –recuerden cómo José María Aznar llevaba a representantes de la OTAN ante bailarinas flamencas para conseguir su apoyo–. 

Finalmente, el plan fue ampliamente ejecutado por George W. Bush, (2001-2009) y Barack Obama (2009-2017) por parte norteamericana y Álvaro Uribe (2002-2010) y Juan Manuel Santos (2010-2018) por parte colombiana, aunque en sus orígenes los impulsores fueron Bill Clinton y Andrés Pastrana. Señalar, antes de comenzar, que el plan realmente constituye una parte de acción desempeñada por los norteamericanos en el país colombiano desde los años cincuenta del siglo pasado.

Éxito norteamericano

En la mencionada reunión, Bill Clinton aseveró a Juan Carlos I que «el futuro de América Latina depende de la preservación de la estabilidad y el fortalecimiento de la democracia». Pero ¿qué es lo que entienden Estados Unidos por estabilidad y democracia? Ahí va un esbozo de la democracia y la estabilidad yanqui: 

Colombia gastó en armas, sólo en los años 2019 y 2020, un total de 19.385 millones de dólares, lo que convirtió al país gobernado actualmente por Iván Duque en el segundo país en gasto militar de América Latina tras Brasil. Y no con poca diferencia: Colombia gastó un 50% más que México, más del doble que Chile y casi cinco veces más que Argentina. Una tendencia que comenzó, precisamente, con el ‘Plan Colombia’, ya que en el año 2000 el mayor productor de cocaína del mundo invertía dos tercios menos en armas de lo que invierte en la actualidad, ya que ha pasado de gastar algo más 3.000 millones a más de 10.000 millones de dólares. Una barbaridad que palidece ante el total gastado desde que comenzó el bondadoso plan norteamericano para dinamizar Colombia: unos 155.706 millones de dólares –127.692,7 millones de euros–.

Más de 155.000 millones de dólares gastados en estabilidad y democracia made in USA que, obviamente, no han mejorado en casi nada al país, pero sí han tenido un claro beneficiario, ya que los Estados Unidos, según el SIPRI, han vendido más del 50% de las armas importadas por Colombia desde el año 2.000 a la actualidad. No es de extrañar, por tanto, que el senador colombiano Iván Cepeda se haya quejado recientemente de la incomprensible compra de 24 aviones de guerra en plena crisis económica y sanitaria.

Sin embargo, no solo de armas vive Estados Unidos y no solo beneficio económico pensaba obtener de los más de 10.000 millones de dólares entregados en el ‘Plan Colombia’, sino que estos han servido, además, para convertir al país en una ‘cabeza de puente’ norteamericana y mantener la explotación de los importantes recursos colombianos como petróleo, carbón, oro o minerales. No obstante, Estados Unidos cuenta en la actualidad con siete bases militares en Colombia, unos espacios que valdrían su peso en oro, en el caso de que realmente Colombia pretendiera mercadear su integridad territorial y entregar su soberanía.

Por tanto, el ‘Plan Colombia’ ha generado:

  1. que los colombianos hayan gastado más de 150.000 millones de dólares en gasto militar;
  2. que más de la mitad de las importaciones de armas se hayan convertido en encargos para fábricas norteamericanas;
  3. que Estados Unidos mantenga siete bases militares en el país, convirtiéndose en una ‘cabeza de puente’ en Latinoamérica;
  4. que Colombia se convierta en el socio más importante de la organización transatlántica en Latinoamérica;
  5. que Estados Unidos haya continuado explotando los recursos más valiosos del país.

Fracaso colombiano

«Será interesante ver lo que ocurre en Colombia» le dijo entonces, en el año 2000, Bill Clinton a Juan Carlos I. Más allá de los beneficios señalados para Colombia, lo que ha acontecido en el país ha sido una catástrofe de dimensiones todavía por dilucidar. Niveles de pobreza, desigualdad y violencia absolutamente insoportables. De hecho, las calles colombianas se inundaron de sangre como consecuencia del plan norteamericano: fueron asesinados más de 6.400 civiles colombianos solo entre 2002 y 2008 –según Jurisdicción Especial para la Paz–, en lo que se conoce como ‘falsos positivos’; más de 1.400 sindicalistas o defensores de los derechos humanos fueron ejecutados –Colombia lideró en 2019 el ranking de ecologistas asesinados con un mínimo de 64–; y un incontable número de mujeres fueron violadas –especialmente por grupos paramilitares estatales–, lo que, según la Oficina del Fiscal de la Corte Penal Internacional, supone «una base razonable» para creer que en Colombia se cometieron actos de violencia sexual que constituyen crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

Peor todavía, la herida social provocada por el ‘Plan Colombia’ desangra al mayor aliado de la OTAN en América Latina y al productor del 70% de la cocaína mundial, pues el país padece las enésimas protestas de consideración –como en 2019 y 2020– tras el intento de imposición de un tributo a la raquítica y exhausta clase media. La situación ha llegado a tal extremo que Cali ha sido militarizada en los últimos días y las imágenes y los testimonios del país parecen más propios de una situación bélica o prebélica. Además, Colombia se encuentra aquejado por un evidente componente racista.

Insignificancia española

En la ya mencionada reunión, el rey Juan Carlos se ofreció a apoyar la implementación del ‘Plan Colombia’: «En América Latina podemos ser útiles, incluso entre bastidores. Conocemos bien a la gente, tenemos los mismos antecedentes. Podemos limpiar asperezas». Un favor que, más allá de los millones que le pudieran haber reportado personalmente, pues parece que a Juan Carlos no le bastó en muchas ocasiones con los emolumentos que obtenía del Estado español, tuvo una contraprestación clara para España: el apoyo de Estados Unidos a la violación de Derechos Humanos en territorio patrio. ‘Yo te apoyo a ti a expoliar Colombia y tú me apoyas a mí a vulnerar los derechos humanos en España’, les faltó aclarar. 

Un trato que provocó que España aportase 100 de los 250 millones de dólares iniciales y realizara numerosas gestiones para que otros países hicieran aportaciones generosas –»Estamos presionando a los escandinavos, a Alemania y a Francia para que aceleren la financiación»– a cambio de la instrucción norteamericana de fuerzas policiales en la lucha antiterrorista y el apoyo internacional a la política española conocida como ‘Todo es ETA’. Una política que, con el paso del tiempo, ha demostrado ser inmisericorde con los derechos humanos, tal y como han reconocido en múltiples ocasiones los tribunales europeos.

Sin embargo, uno de los aspectos más escandaloso de las conversaciones reveladas no se encuentra en el intercambio de atrocidades entre unos y otros, demasiado habitual, por desgracia, en relaciones internacionales, sino en las ridículas súplicas de Juan Carlos I para que España deje de ser insignificante a nivel internacional: «[a España] no se nos tiene en cuenta» ni «se nos toma en serio» a pesar «de nuestras contribuciones», «de nuestra lealtad como buen amigo de los Estados Unidos» y del apoyo español a Israel. Traducido al castellano burdo: ‘Somos vuestros lacayos y no nos respetáis’.

Por tanto, las conclusiones de las conversaciones reveladas demuestran que Estados Unidos militarizó Colombia para mantener y aumentar el nivel de expolio, añadiendo la extracción armamentista a la ya existente sobre los recursos, primando el conflicto armado y la solución bélica sobre el conflicto social y la solución humanitaria; Colombia aumentó los niveles de desigualdad, pobreza y violencia como forma y consecuencia del vasallaje a Estados Unidos mientras sus élites se enriquecieron; y España colaboró con el plan a cambio de apoyo internacional a las violaciones de derechos humanos que pensaba perpetrar. Además, y esta es una de las grandes novedades, el otrora Imperio español quedó ridículamente caricaturizado como un país insignificante y humillado.

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