El trabajo infantil aflora por la crisis económica

Gabriel Morales/El Andaluz

No todas las tareas realizadas por los niños deben clasificarse como trabajo infantil que se ha de eliminar.

Por lo general, la participación de los niños o los adolescentes en trabajos que no atentan contra su salud y su desarrollo personal ni interfieren con su escolarización, se considera positiva.

Entre otras actividades, cabe citar la ayuda que prestan a sus padres en el hogar, la colaboración en un negocio familiar o las tareas que realizan fuera del horario escolar o durante las vacaciones para ganar dinero de bolsillo.

Este tipo de actividades son provechosas para el desarrollo de los pequeños y el bienestar de la familia; les proporcionan calificaciones y experiencia,  les ayuda a prepararse para ser miembros productivos de la sociedad en la edad adulta.

El término “trabajo infantil”, suele definirse como toda labor que priva a los niños de su niñez, su potencial y su dignidad, que es perjudicial para su desarrollo físico como psicológico.

Se habla de trabajo infantil cuando este es peligroso y perjudicial para el bienestar físico, mental o moral del niño, interfiere con su escolarización, porque les priva de la posibilidad de asistir a clases, les obliga a abandonar la escuela de forma prematura, o les exige combinar el estudio con un trabajo pesado que consume su tiempo.

La magnitud, la elevada precariedad y la explotación laboral de niños y adolescentes en diferentes sectores de la economía de Bolivia es uno de los problemas más críticos.

De acuerdo al Censo 2012, del Instituto Nacional de Estadística (INE), en Bolivia se contabilizan a 1.334.899 adolescentes, en un rango de edad de 12 a 17 años. Santa Cruz tiene mayor número de adolescentes trabajadores, donde está el 27.0 por ciento. En La Paz alcanza a 25.9 por ciento y en Cochabamba, a 17.6 por ciento.

Otro dato relevante es que 27.9% de los niños y adolescentes, entre 5 y 17 años, participa en actividades productivas económicas remuneradas o no.

La Nueva Constitución Política del Estado, aprobada en 2009, recoge en su artículo 13 que “los derechos y deberes consagrados en esta Constitución se interpretarán de conformidad con los tratados internacionales de derechos humanos ratificados por Bolivia”.

Por otro lado, los artículos 60 y 61 recogen la necesidad de velar por el interés superior del niño y prohíben el trabajo forzado, así como la explotación infantil.

El compromiso de protección se plasma en el Código del Niño, Niña y Adolescente (CNNA). Respecto del trabajo infantil, el CNNA establece que el trabajo de adolescentes es permitido a partir de los 14 años.

Queda claramente establecido que los adolescentes comprendidos entre los 14 a 18 años no podrán trabajar en actividades peligrosas que atenten contra su salud, seguridad o moralidad.

Las peores formas de trabajo infantil suelen ser la esclavitud, la servidumbre por deudas, la trata, la explotación sexual, el uso de niños en el tráfico de drogas y en los conflictos armados, así como para trabajos peligrosos.

Las condiciones sociales de subdesarrollo trastocan todo, incluso los valores familiares se ven deteriorados.

En algunos lugares del planeta, el canje de trabajo de un hijo de la familia, está aceptado por la sociedad. Todo un problema donde hay diversos actores constituyendo un círculo vicioso en el que el resultado es desgarrador.

Está comprobado que los efectos del trabajo infantil sobre la salud de los niños pueden ser más graves sobre ellos que en los adultos. Los daños en los niños pueden ser irreversibles, tanto en la salud como en el desarrollo físico y mental, trayéndoles graves repercusiones en el futuro.

Agricultura y pesca: es el sector más amplio de empleo en la mayoría de los países y donde se encuentra la gran parte del trabajo infantil a escala mundial.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que más de 163 millones de niños/as trabajan en el sector agrícola.

Minería: se estima que un millón de menores trabajan actualmente en minas y canteras en más de 50 países asiáticos, latinoamericanos como africanos.

Fundiciones: Esta es una de las actividades más extendidas y peligrosas, hay niños que extraen cargas de vidrio en fusión de hornos a temperaturas que oscilan entre 1.500 y 1.800 grados.

Prostitución y trata: desde hace unos años preocupa en todo el mundo la explotación sexual de los niños, todo parece indicar que va en aumento.

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