El declive de Murillo y la cacería de los masistas a los que él mismo persiguió

Lejos de la vorágine intensa de oficiar como ministro de Gobierno, distanciado de los trajines marcados por una agenda en la que se elevó el imperativo de “poner orden” con sus modos, Arturo Murillo había escogido Estados Unidos para comenzar una “nueva vida”.

Atrás habían quedado el poder, las instrucciones y las confrontaciones directas con los entonces opositores contenidos dentro del Movimiento Al Socialismo (MAS). Murillo, el hombre más fuerte de la gestión transitoria de Jeanine Áñez, el que horas antes de asumir como ministro en 2019 dijo que iría a “cazar masistas”, acabó siendo procesado en el país por el que había puesto todas sus fichas para establecerse.

Empresario con buen pasar, puesto que era dueño de un lujoso hotel situado en el Trópico, político que comenzó como senador siempre disidente de las ideas provenientes del MAS; ficha elemental del Ejecutivo transitorio y finalmente desvalido del poder que tuvo por 11 meses, Murillo ahora enfrenta a la Justicia estadounidense, conocida por ser implacable cuando de cuestiones fiscales se trata.

El Departamento de Justicia de ese país emitió un comunicado en el que afirmó que entre el 21 y 22 de este mes fueron arrestados el exministro de Gobierno,  otros dos bolivianos y tres norteamericanos, pues habrían sido parte de una red de sobornos a cambio de contratos con la cartera de Defensa, entonces en manos de Luis Fernando López. 

Los imputados estadounidenses son señalados por  haber abonado  más de 600 mil dólares como “beneficio” para hacerse con un contrato de 5.6 millones de dólares para la provisión de armas no letales al despacho de Defensa.

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