Fiscalía de Tarija y Ministerio sin resultados en investigación por muerte de 34 cóndores

(Roberto A. Barriga/El Andaluz)

Tras el mayor caso de biocidio conocido en Bolivia y en la región, donde mas de tres decenas de aves rapaces murieron junto con otros animales, el Ministerio de Medio Ambiente y Agua y la Fiscalía de Tarija a la cabeza de Wilson Tito, guardan un silencio negligente, no sólo por no responder las llamadas de la prensa o consultas respecto al crimen cometido, sino que a más de tres meses no existen resultados de las pericias e investigaciones, esto llevó a que investigadores se preocupen.

A principio de febrero de este año se conoció el terrible suceso que mató a distintas especies de cóndores, entre ellas una especie protegida, el Condor Andino (Vultur gryphus), que es la más grande de su especie, esto conmocionó a la comunidad científica nacional e internacional, autoridades departamentales y nacionales intervinieron en una investigación, se llevó una comisión multidisciplinaria, entre juristas, veterinarios y biólogos para realizar una investigación sobre el sucesos, que hasta ahora no dio frutos.

Los plazos son más largos de los establecidos y existen varias razones por las cuales deberían develarse los datos levantados, para afirmar esto El Andaluz se contactó con los implicados en la investigación y nos prestaron su voz para las noticias de Tarija.

Luis Morales, médico veterinario del Bioparque Urbano, nos explicó que por su parte están tratando de averiguar en qué quedó la investigación “no se cómo funciona la justicia en este país” relató, ya que cambiaron al fiscal del caso tres veces, lamentó que no identificaron hasta ahora los responsables, por lo que realizaron una petición de informe a la fiscalía, la respuesta fue obvia. Silencio negligente.

Morales señaló que se necesita más información sobre el caso, si bien se sabe que fue un carbofurano lo que eliminó a los animales, las investigaciones develaran más detalles importantes que pueden ayudar en futuros casos y en la prevención y cuidado de estos animales en peligro de extinción.  

El crecimiento de la frontera agrícola esta causando un impacto en la flora y fauna silvestre, lo que lleva a un mayor desequilibrio ecológico. Morales mostró preocupación por la falta de seriedad de la justicia, además de pedir que el culpable sea identificado.

Sin embargo, investigadores ven con mayor preocupación el caso ya que los estudios retrasados estarían perjudicando mas de lo que los abogados y fiscales pueden entender.

Por qué es tan importante que la fiscalía muestre los datos de la investigación

Diego Méndez, biólogo encargado del programa de protección de aves rapaces en Bolivia, formó parte del equipo de investigación que llegó a Tarija para aclarar el biocidio más grande registrado en Bolivia.

Conversó con el Andaluz para las noticias de Tarija, y explicó la importancia de que la fiscalía de Tarija realice su trabajo y pueda presentar los datos levantados.

Los 34 cóndores muertos fueron sometidos a una minuciosa investigación que no sólo determinó que murieron por un carbofurano, pesticida utilizado en el mercado Boliviano para eliminar plagas (y si lo consumimos a través de varios alimentos), también los investigadores como Méndez levantaron datos que ayudaran a entender mucho sobre los cóndores, sus hábitos, cómo llegaron a comer ahí, cómo se llegó a la tragedia.

Es decir, lo que se podría llamar rescatable de esta tragedia, esta siendo retrasado a causa de la negligencia de la fiscalía en Tarija.

El encargado del programa de protección de aves rapaces en Bolivia detalló que las muestras colectadas podrán identificar con precisión el tipo de carbofurano, de esa forma podremos apuntar qué políticas tomar respecto a ciertos productos, además quienes son los que venden.

También las muestras de carácter científico “su análisis nos podrá permitir estar mejor informados sobre el estado de conservación del cóndor, sobre que otras amenazas enfrenta, sobre la estructura de poblaciones de cóndores, son invaluables” aclaró Méndez.

Lamentó que la fiscalía este a cargo de custodiar de las muestras, porque hasta ahora no hay luz verde para realizar análisis de esos datos netamente científicos, el biólogo entiende que los juristas no entienden la importancia científica para el sector de analizar las pruebas, sin embargo, se armó un grupo transdiciplinario capacitado para entender, procesar y analizar las muestras.

“Es frustrante, no sé qué esta pasando, por qué no no están convocando” dijo a El Andaluz.   

Para finalizar el experto en aves rapaces, indicó que los análisis no deben tardar, la situación de los cóndores es crítica, la importancia biológica, ecológica de este estudio no tiene nada que ver con los responsables ni la justicia ordinaria, pero si aportará a acciones inmediatas para mejorar las estrategias y tácticas para la conservación de cóndores.

Pidió en reiteradas oportunidades que las autoridades de la fiscalía y Ministerio de Medio Ambiente y Agua le den la importancia que se merece.

El cóndor andino en camino a la extinción

La población de cóndores ronda los 6.700 ejemplares en toda Suramérica, dice Luis Jácome, presidente de la Fundación Bioandina e argentina, están distribuidos por la cordillera desde Venezuela hasta Tierra del Fuego, en el extremo sur. «Para una especie amenazada, 90 muertes es muchísimo, se la está condenando a la extinción», denuncio el 2018 cuando en distintos lugares del vecino país se encontraron muertos varias de estas aves rapaces. «Si hablásemos de la población humana, la muerte del 1,4% de la especie equivaldría a matar a toda la población de Chile, Argentina, Bolivia y Perú en menos de dos años», compara Jácome.

Al igual que los cóndores tarijeños, fueron envenenados con agroquímicos, destinados a eliminar pumas, perros y otros depredadores de ganado ovino, bovino.

El uso de cebos tóxicos es común entre los ganadores para combatir predadores como el puma o el zorro. Envenenan los restos del cadáver que dejan apartados para seguir comiendo en los días siguientes. Cuando el carnívoro regresa e ingiere su presa, muere, y corren la misma suerte las especies carroñeras. «Existe la creencia de que el cóndor ataca al ganado, pero no tiene garras ni para levantar una liebre, es un ave carroñera, no es como las águilas», dice Francisco G. Táboas, de Aves Argentinas. El cóndor se alimenta de animales muertos y cumple un importante rol de limpieza y prevención de enfermedades en la cadena trófica.

Que pesticida se utilizó en Bolivia para matar a los cóndores

Diego Méndez, biólogo, investigador, dijo que se trataría de un carbofurano, conocido en el mercado como Furadan, un tóxico utilizado en las plantaciones de alimentos que se prohibió en EEUU en el año 2009 tras la muerte de varias águilas. Es más, sería un reconocido asesino de aves a nivel mundial.

También lo prohibieron en la Unión Europea el año 2008, porque no sólo mata a aves, y otros animales, de granja y domésticos, también se registro muerte en humanos.

El carbofurano fue retirado del mercado estadounidense en 2009, pero no desapareció. Las personas aquí y en otros lugares, incluso en muchos países donde todavía se vende de manera legal, lo usan para matar animales, en lugar de los insectos que se supone está destinado a atacar.

En Europa, los guardas de caza que defendían a los faisanes en fincas de caza envenenaron a cientos de aves de rapiña, incluidos Milanos Reales, Águilas Reales y Pigargos Europeos, y Azores. Cerca de 190 buitres murieron en Kenia después de comer sobre los restos de un animal que había sido rociado con carbofurano.

Un científico que estudiaba las aves observaba con horror cómo caían del cielo a los pocos minutos de haber terminado su comida.

Más de 230 cadáveres de Cisnes Silbadores constituyeron una escena del crimen por carbofurano en un lago del interior de Mongolia (las autoridades sospechan que los cazadores furtivos intentaron vender las aves a restaurantes, algunos de los cuales ofrecen «banquetes de cisne»).

Las águilas han sido un objetivo especialmente común en los Estados Unidos. El pasado mes de mayo del 2020, los investigadores de vida silvestre ofrecieron una recompensa de $10,000 por información relacionada con una serie de envenenamientos por carbofurano en la costa este de Maryland que habían aniquilado a seis Águilas Calvas y un Búho Real estadounidense. Un caso similar sin resolver hace tres años dejó 13 águilas muertas.

«Todo el mundo sabe que esto funciona muy, muy bien para matar animales», comenta Mourad Gabriel, investigador asociado del One Health Institute de la Universidad de California en Davis y codirector del Centro de Investigación de Ecología Integral.

En algunas partes de California, en las que trabaja Gabriel, los productores de granjas ilegales de marihuana en tierras públicas han estado utilizando carbofurano para proteger sus campamentos de los osos y otros animales salvajes. Como resultado, los científicos están encontrando cadenas alimenticias enteras desde polinizadores y roedores hasta aves de rapiña y coyotes diezmados por el pesticida.

Y así, a pesar de que se ha vuelto más difícil de adquirir, la popularidad del carbofurano ha crecido. El pesticida, alguna vez comercializado en forma masiva, se ha convertido en el veneno por excelencia en la clandestinidad activa y dejó a las autoridades de vida silvestre lidiando con las consecuencias.

En Bolivia lejos de la clandestinidad se vende de forma legal, estamos ante un genocida animal, que mata a cadenas enteras de animales silvestres, nuestras autoridades lo autorizaron, y ahora los inocentes pagan el precio.

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