El bonsái se constituye en un arte alternativo en Tarija

Gabriel Morales/El Andaluz

Los bonsáis son árboles o arbustos que, tras años de trabajo, tienen un estilo bien definido, un estilo que siempre intenta ser una representación de una planta que podemos encontrar en la naturaleza. Y es que la flora, independientemente del tipo que sea, se adapta lo mejor que puede a vivir en su hábitat, cada uno en el suyo, y por el proceso puede limitar su crecimiento, puede desarrollar ramas solo en un lado, puede retorcerse o crecer por el suelo en vez de erguirse, o puede, en definitiva, ignorar un poco lo que dice su genética para sobrevivir.

El Bonsái, se originó hace unos dos mil años, como objeto de culto para los monjes taoístas. Para ellos era símbolo de eternidad, el árbol representaba un puente entre lo divino y lo humano, el cielo y la tierra. Esta práctica se extendió en el mundo.

Esta práctica, consiste en el arte de cultivar árboles reduciendo su tamaño mediante técnicas como el trasplante, la poda, el alambrado, el pinzado,  modelando su forma para crear un estilo que nos recuerde una escena de la naturaleza.

Bonsái es una palabra de origen japonés que significa literalmente bon: bandeja y sai: cultivar.

En Tarija, la cultura del cultivo de Bonsáis, según los aficionados, creció a partir del año 2017 con la conformación de un club, el objetivo trazado era el formar y difundir e este pasatiempo  en la ciudad. Inicialmente el club estaba presidido por Abel Ávila, Ricardo Gutiérrez como vicepresidente y Boris Arandia como secretario general.

“Esta tarea no fue fácil ya que se tocó muchas puertas- instituciones públicas y privadas-solicitando colaboración. La única que aceptó colaborarnos desde el inicio fue la Alcaldía con la Unidad de Desarrollo Productivo y posteriormente la Secretaría de Turismo, quienes nos daban el Albergue Municipal y el ex Zoológico para llevar a cabo el primer curso de bonsái, que se hizo en el  2017”, explicó Boris Arandia.

Arandia recordó, que el primer curso de Bonsái fue el 27 y 28  de octubre de 2017, para ello se invitó al presidente de la Asociación de Bonsái de Santacruz, Ervin Panoso.

“El club no contaba con ningún fondo por lo que se trabajó con dinero prestado. La primera exposición fue en la plazuela Sucre el 17 de diciembre, la cual fue auspiciada por la Alcaldía Municipal, luego en enero de 2018 se realizó el segundo curso de bonsái el cual fue impartido por los propios socios del club y en 5,6 y 7 de octubre de 2018 en conmemoración del primer año del club se realizó el arreglo y pintado a la maceta del algarrobo que está en el barrio San Luis. Además se hizo la entrega de una placa conmemorativa y así poco a poco, club creció” indicó.

El socio fundador del Club Bonsái Tarija hizo la invitación a población a sumarse a esta actividad y formar parte de los cursos.

“Se hicieron muchas actividades en el transcurso de estos tres años,  normalmente son cursos abiertos al público, el único requisito es amar las plantas luego se enseña desde lo más básico hasta lo más elaborado. Recalco que el bonsái es algo que nunca se termina de aprender, ya que cada vez surgen nuevas técnicas, dependiendo de las especies”, mencionó.

Tarija tiene un clima privilegiado, para que muchas especies crezcan, situación que se debe aprovechar,  asegura el Arandia, “En Tarija pueden surgir muy buenos productores de bonsái”, dijo.

De igual manera, reconoció el apoyo de instituciones como el Programa Ejecutivo de Rehabilitación de Tierras (PERTT), quienes les colaboraron en sus inicios con plantines y macetas.

No se sabe exactamente donde nació el arte del bonsái aunque los primeros, probablemente, fueron cultivados en la antigua china donde eran conocidos como “Pen-jing” o “Punsái”. Una leyenda sostiene que durante la dinastía Han (en el año 206-220), un emperador mandó construir un paisaje en miniatura que debían representar todos los árboles que había en su imperio.

Aunque la gente suele relacionar los bonsái al Japón, ellos llegan allá muchos siglos más tarde, XI o XII a través de monjes budistas. Es el arte de pensar y meditar profundamente relacionada con la filosofía zen. Además de los monasterios, el bonsái también comenzó a extenderse entre la aristocracia, la posesión de un bonsai a exhibir, de hecho, se volvió en un motivo de gran prestigio.

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