El LSD cumple 78 años: el viaje en bicicleta con el que Albert Hofmann cambió al mundo

Hace 78 años en Suiza el químico Albert Hofmann descubrió los efectos psicoactivos del LSD (dietilamida de ácido lisérgico) y el mundo cambió para siempre.

El LSD produjo una verdadera revolución científica y cultural que fue sofocada en los años 70, a partir de su prohibición. 

Por Alejandro Aldama Revista THC

Unas gotas de distracción

Todo fue parte de un accidente. Hofmann, un científico que trabajaba en los laboratorios Sandoz, estaba trabajando  con alcaloides derivados del ergot, un hongo muy común en los cereales. 

Para la década del 40, ya se conocían algunos usos médicos de la ergotamina. Por ejemplo, en el tratamiento de las migrañas. 

Pero un viernes 16 de abril de 1943, Hofmann se puso a trabajar con un compuesto que había sintetizado. Era el número 25 en una larga lista.

Los alcaloides del ergot son conocidos por su toxicidad. Hofmann se sorprendió que, aun tomando todas las precauciones, mientras estaba trabajando con el compuesto 25 un ligero lo invadiera un ligero malestar.

Pasó el fin de semana revisando la lista de compuestos, solventes y precursores con los que estaba trabajando  y concluyó que la causa de ese malestar había sido una absorción inadvertida del compuesto 25.

Y al parecer era extremadamente potente.

El experimento

Tres días después, el lunes 19 de abril, al volver al laboratorio, Hofmann realizó un autoensayo con la mínima dosis posible: 250 microgramos. Un microgramo es la millonésima parte de un gramo. Es una cantidad casi invisible al ojo humano.

Menos de 45 minutos después de la ingestión, Hofmann se retiró del laboratorio junto a una asistente. La Segunda Guerra Mundial había provocado serias restricciones en el uso de petróleo, por lo que se movilizaron en bicicleta. Así nació la referencia al “día de la bicicleta”.

Pedaleando, Hofmann comenzó a sentir los primeros efectos intensos en su percepción. El paisaje parecía deformarse con cada metro que avanzaba y no podía calcular la velocidad a la que viajaba.

La asistente que lo acompañó ese día luego le dijo que iba tan lento que no sabía cómo había podido mantener el equilibrio.

Al llegar a su casa, Hofmann se preparó para lo peor. Era una época donde muchos científicos sufrían en carne propia las consecuencias de sus descubrimientos o trabajos, como le sucedió al matrimonio Curie.

Hofmann estaba convencido de haberse envenenado. Le pidió a una vecina un vaso de leche y llamó a un médico. Luego se acostó en un sillón dispuesto a morir por la ciencia.

Pero no murió. El médico que lo revisó no descubrió nada anormal salvo las pupilas dilatadas. Al día siguiente Albert Hofmann se levantó renacido, en sus propias palabras, como «en un jardín después de la lluvia».

Pocos meses después comenzaron las primeras pruebas científicas en todo el mundo con el LSD o Delysid (el nombre comercial del compuesto) como promesa revolucionaria de las ciencias de la mente.

Dos décadas después de su descubrimiento, con todo su potencial todavía sin investigar, el LSD fue prohibido por los accidentes en su uso no regulado fuera del ambiente académico y científico.

La revolución estaba en marcha.

El Andaluz Noticias de Bolivia

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