Colectivo TLGB realizará Pasarela Trans en conmemoración a una década de lucha

(Roberto A. Barriga/EL Andaluz)

Este siguiente viernes 23 de abril, en el patio del Cabildo, anteriormente conocido como Patio de la Cárcel, tendrá lugar la Pasarela Trans en homenaje al décimo aniversario de la creación del colectivo TLGB Tarija. Las personas trans desfilaran para el público y se contará con la participación de distintas modelos residentes de Tarija.

Daniela Rodriguez, miembro del colectivo feminista Ivaginarias y coordinadora del evento, indicó que la articulación de mujeres Ivaginarias de Tarija viene realizando diferentes actividades en el marco de «abril feminista en Tarija» con el afán de visibilizar los últimos hechos de violencia acaecidos en el país y cuestionar la cultura machista tarijeña en su mes aniversario.

Este viernes el colectivo TLGB cumple 10 años de su fundación y como parte de las actividades se tiene previsto un desfile transfeminista en el patio del cabildo a partir de las 19:00 hrs. Esta actividad será parte del tejido que se viene realizando con el movimiento de «Arte Libre» y con «Barro Colorado» que vienen realizando una feria de exposición de sus artesanías y productos desde el pasado lunes. El desfile transfeminista tiene la intención de visibilizar que la comunidad TLGB es parte de la lucha contra la violencia machista que deja hasta la fecha 33 Feminicidios, más de 40 huérfanos por feminicidio, 60 crímenes de odio cometidos hasta la fecha en el país por identidad de género, 13 mil embarazos infantiles de los cuales solo el 4% accedieron a una interrupción legal del embarazo desde 2014.

«Hoy en Tarija queremos celebrar junto al colectivo TLGB sus 10 años de creación y de compromiso con la lucha de sus derechos, queremos ser parte de este tejido que nos une cada vez más en contra de un sistema machista y en este mes aniversario de Tarija, queremos recordarles que somos diversas, antirracistas, anticlasistas, antifascistas y que esta lucha la hacemos entre todas y todos, que esta cultura inclusiva la construimos todxs» explicó Rodriguez.

Por su parte, Marielba Puerta, una de las coordinadoras del evento, aseguró a El Andaluz para las Noticias de Tarija, que la pasarela tiene como objetivo realizar un reconocimiento público a las activistas que pertenecen a este colectivo, una década de lucha por derechos conquistados será la oportunidad para la celebración.

A pesar de que se reconocerá a las activistas más antiguas también se pueden unir todas las personas del colectivo trans que desee participar puntualizó Puerta. 

Virus de discriminación

(María O. García)

En el año 2013, el “trastorno de identidad de género”, como se denominaba la condición de las personas transgénero, fue retirado del Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales (DSM, por sus siglas en inglés) de la Asociación Americana de Psiquiatría. En su lugar se aplicó “disforia de género”, que se refiere a la angustia que puede llegar a sentir una persona cuando su sexo no coincide con su identidad de género.  

Es decir, se determinó que el problema no era el transgenerismo en sí, sino el malestar que experimentan las personas trans producto de una sociedad que las discrimina por salirse del modelo social heteronormativo. 

Algo que en la sociedad boliviana aún se da a pesar de los múltiples intentos de prohibir y sancionar toda forma de discriminación fundada en razón de orientación sexual e identidad de género. La Constitución Política del Estado (CPE) y la Ley 045 Contra el Racismo y toda Forma de Discriminación siguen siendo, al día de hoy,  un reto por cumplir en el país.

“Las personas trans son el rostro visible de su colectivo porque son las que están todos los días luchando, sufriendo la discriminación (…) Durante la pandemia, en muchos casos están siendo desalojadas, no están pudiendo acceder a un ingreso económico y algunas, debido a la paralización de los trámites para su cambio de identidad, no han podido cobrar el Bono Universal”, explica el presidente de la organización Colectivo TLGB de Bolivia, Rodolfo Vargas.

Según Vargas, pocas han sido las ayudas públicas que ha recibido este colectivo durante la pandemia. El bono Canasta Familiar dispuesto por el Gobierno como medida paliativa a los efectos económicos negativos de la cuarentena dejó fuera a las personas trans.

“Algunas alcaldías sí dieron canastas familiares, como la de El Alto o La Paz, pero no ha sido en todos los departamentos. No exigimos ser una prioridad, pero sí que se nos pueda otorgar los mismos beneficios que se da a la población en general”, reclama Vargas.

Y así lo refleja también Chantal Cuéllar, coordinadora del movimiento Trans Feminista de Bolivia: “Las compañeras trans no vivimos con familia porque, por lo general, nos hemos salido de nuestras casas o nos han echado. Las ayudas que hemos conseguido en esta crisis sanitaria  han sido, en su mayoría, de instituciones y organizaciones privadas”.

Violencia social y estructural

(María O. García)

Stefany, a quien la sociedad condenó a vivir del trabajo sexual durante casi media vida, ahora se ha visto obligada a renunciar a esa labor después de 15 años “por miedo” a contagiarse del coronavirus (Covid-19).

“Para las personas trans es casi imposible trabajar en una secretaría, en una entidad pública o en algún empleo cualificado. La sociedad nos obliga a trabajar en las calles”, asevera Stefany.

En la actualidad -cuenta- se ha vuelto una mujer “multifacética”, pues le toca ejercer de “niñera”, “lavandera”, “cocinera” y “limpiadora”. Cualquier cosa que signifique un ingreso para su supervivencia. Y la de su familia, con la que vive en un pequeño departamento alquilado en la urbe alteña.

“No ha sido fácil encontrar otro trabajo. Más bien un señor de buen corazón me da trabajitos así. Por ejemplo, ayer lavé ropa y me gané unos pesitos para poder pagar mi alquiler”, dice Stefany.

Otro de los denominadores comunes de las personas trans es el rechazo y la exclusión familiar, lo que las lleva a ser expulsadas o a abandonar sus casas para ampararse en la empatía y comprensión de otras compañeras. La mayoría de ellas también han vivido una historia similar.

Sin embargo, algunas se han visto obligadas a permanecer encerradas durante días -y días- con familiares que no respetan su identidad de género, lo que ha hecho que las situaciones de violencia intrafamiliar se agraven durante el confinamiento.

Es el caso de Laura (nombre convencional), quien con impaciencia espera que pasen 15 días para irse a Chile con una de sus tías. Confía en que el país austral le dé la oportunidad de construir una nueva vida donde poder mostrarse como es y cumplir el sueño de lo que siempre quiso ser: comunicadora social.

“Estos meses los he pasado sola, triste y deprimida. Me dedicaba a trabajar en una librería, pero con la cuarentena dejé de trabajar y he estado encerrada en casa, donde he sufrido agresión física y psicológica por parte de mi padre. Siempre chocamos y muchas veces me agrade, me insulta y me trata mal”, manifiesta Laura.

Asegura que en varias ocasiones intentó denunciar esos hechos en la  EPI (Estación Policial Integral) más cercana a su casa en Cochabamba; sin embargo   la policía nunca  quiso tomar la denuncia.

“Muchas veces he buscado ayuda en las autoridades, pero nunca me han hecho caso. Intenté denunciar varias veces en la EPI, pero siempre me dijeron que no podían atender mi caso por ser transexual”, relata Laura.

No obstante, se muestra optimista con la oportunidad que ahora se le presenta, y con la que espera dejar atrás todas las barreras y estigmas que ha soportado: “Me voy a ir a Chile con mi tía a probar suerte (…) Allí quiero estudiar Periodismo porque me gusta mucho expresarme, hablar y comunicar a la gente. En un futuro espero poder salir en la tele”, confiesa esta joven de 19 años.

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