Crónica o réplica: Lo que pasó atrás de la marcha feminista

(Roberto A. Barriga/EL Andaluz)

Las personas solo pasan, pero no ven, en realidad nunca observan lo que en sus cabezas existe, cómo apuntar aquello que es invisible, aparentemente es una incoherencia señalar aquello que los demás no pueden visualizar, sin embargo, qué si eso que no se siente como lo “real” es porque uno decide no verlo.

Baudrillard observaba que la realidad sería marcada por el soporte virtual, o mejor dicho la realidad era lo que la realidad virtual hacia sentir, la verdad dejo de ser una búsqueda, y ahora es una opinión.

Entonces aquello que uno ve y los otros no ven no es una opinión, porque las marcas que dejan los sucesos y las personas no ven, lejos de ser una realidad es una consecuencia de lo virtual, porque en si como dijo el filósofo francés citado, la realidad ha sido traicionada.

 La discusión confusa sobre lo real o no, llegó el día 25 de noviembre, ayer, cuando se recuerda el día internacional de lucha contra la violencia hacia las mujeres, algunas amigas conversaban sobre cómo se puede entender a la violencia y la negación de la misma, es decir como se puede entender que lo violento para algunas personas no lo es, es decir cómo la verdad se puede torcer.

Cuando se trata de violencia se entiende como un cuerpo sobre otro ejerce una fuerza, pero en esa fuerza en una relación se convierte en una desigualdad. Como en una relación respecto a otra se observa una simetría donde una de las fuerzas involucradas se somete ante la otra, pero, en el campo sensible este sometimiento es dolor. Entonces la violencia es algo que sufre una persona respecto a otra, y esto es por el placer y conveniencia de la otra, o sea el violento enmarca en el placer su deseo violento.

El machismo es entonces una relación asimétrica, pero, que condiciones pasaron para que exista, por qué sucedió de esa forma y no de otra.

La diferencia entre relaciones materiales fue expuesta por el marxismo, las relaciones por las relaciones de género fueron expuestas por Beauvoir, y las relaciones coloniales por Reinaga, Pérez, Cusicanqui. A este punto la discusión tomaba unos aires nacionalistas, pero fuera de pertenecer a un Katarismo seco o un indianismo snob, se trataba de sentir a través del conocimiento.

Las compañeras entre debates y deslices, se cansaron, pues ya era la hora de ir a marchar, por el 25N, las ideas quedaban atrás, ahora el cuerpo era el que tenía qué hacer política, entonces, batucada, música, bombos, y por supuesto, el canto tarijeño emergente desde la Domingo Paz hasta el Parque Bolívar dejó toda reflexión y fue praxis.

“104 compañeras asesinadas este año, solo 11 sentencias”, enunciaba la voz que iniciaba el junte de mujeres dispuestas a gritar que en Tarija la desigualdad mata.

Tras las canciones y declaraciones las mujeres levantaron sus voces y expresaron con firmeza de que este movimiento no busca nada mas que caminen libres y la vergüenza cambie de bando.

 En tan solo 15 minutos de espera, antes de la marcha feminista de Tarija en el 25N estas ideas fueron conversadas y expresadas, entre un simple periodista espectador y muchas mujeres que solo quieren caminar sin sentir peligro.  

Feminismo y el hombre

La antropóloga Rita Segato es una de las intelectuales feministas más importantes de Latinoamérica. En entrevista con Página 12, analizó el tratamiento de los medios tras la denuncia de violación de la actriz argentina Therma Fardín contra Juan Darthés y también se refirió a los objetivos del feminismo, con su acostumbrada mirada crítica.

Segato, quien fue distinguida este año por la Universidad de Brasilia como Profesora Emérita de la institución, es autora de numerosos libros sobre el tema. Este año también fue convocada por la Policía Nacional Civil de El Salvador para realizar un diagnóstico sobre crímenes de género al interior de la institución.

En su reflexión, la antropóloga cuestiona el rol de los medios al abordar las noticias sobre la violencia o el abuso: «Lo que hemos aprendido de feminicidios y escándalos sexuales anteriores es que aunque los medios muestren la monstruosidad del agresor, ese monstruo para otros hombres resulta una figura tentadora, porque el monstruo es potente. El monstruo es un personaje predador, rapiñador, como debe ser el sujeto masculino formateado por el mandato de masculinidad. Y lo que el hombre quiere mostrar siempre es que puede serlo, porque es su forma de mostrar que es potente».

En este sentido, Segato señala que «hoy en día existir bajo el lente mediático parece ser para muchas personas la única forma de existir. Es un fenómeno de nuestro tiempo. Así como en el caso del suicidio fue revisado el rol de los medios y hay una pauta mediática que decidió no mostrarlos ni hablar del tema porque ya se sabe que se va a repetir, se deberían repensar las coberturas en casos de agresiones sexuales».

A su juicio, ante el caso de Thelma Fardín, los medios deben ser capaces de mostrarla «como una sujeta que está descubriendo su propia capacidad política de modificar una estructura, que es la estructura desigual del Patriarcado. Ese es su papel. Y por encima de todo como una sujeta que no necesitó de un príncipe: hay un colectivo de actrices que la secunda, que promueve su denuncia, que la acompaña políticamente. Entonces, no basta la posición de víctima. El victimismo no es una buena política para las mujeres».

Además, señaló que «lo que los medios deberían destacar y repetir sin reserva y hasta con exceso es que quien rescata a Thelma es un grupo de mujeres, son sus pares, sus colegas, sus amigas, sus hermanas en el proceso político que estamos viviendo en Argentina y en el continente: mujer salva mujer y muestra al mundo lo que tiene que cambiar. No hay un príncipe valiente. Hay política, que es más lindo, más heroico y más verdadero. La mano salvadora viene de nuestra amistad y alianza».

A su juicio, este cambio de sentido se relaciona con un proyecto político que busca cambiar al mundo y su orden político patriarcal: «Les estamos diciendo a los hombres que se corran, se desmarquen y desmonten el mandato de masculinidad. Muchos lo están haciendo, me consta, porque están percibiendo que ese mandato los mata primero, los enferma primero, y que también son pobres e incautas víctimas de ese orden corporativo autoritario y cruel que impera al interior de la propia corporación masculina. Porque dentro de esa corporación, como en todas, hay hombres que son más hombres y hombres que son menos hombres, es jerárquica, es maligna, obliga a dar pruebas de narcisismo y de crueldad todo el tiempo».

«Basta de llanto. No queremos solamente consolar a una víctima que llora. El punto es cómo educamos a la sociedad para entender el problema de la violencia sexual como un problema político y no moral. Cómo mostramos el orden patriarcal, que es un orden político escondido por detrás de una moralidad. El problema es que está siendo mostrado en términos de moralidad. Y es insuficiente mostrarlo así por varias razones», añadió.

Segato aseguró que se vive un gran momento de viraje de la historia de las mujeres: «Los relatos que están aflorando y haciéndose públicos muestran claramente que estamos librándonos de un cierto mandato paterno, patriarcal, cruel, abusador, narcisista y castigador. Y es por la desestabilización de ese mandato que se cambia el rumbo, que se cambia el mundo. Es un gran momento inédito y de una intensidad impar. Pero, por otro lado, por la intensidad de este momento tenemos que tener mucho cuidado».

En la entrevista, la antropóloga sostiene que hay que tener cuidado con la idea de un «feminismo del enemigo», que cae en conductas y acciones autoritarias y fascistas.

«El feminismo no puede y no debe construir a los hombres como sus enemigos “naturales”. El enemigo es el orden patriarcal, que a veces está encarnado por mujeres. 2. Cuidado con los linchamientos, pues hemos defendido por mucho tiempo el derecho al justo proceso, que no es otra cosa que el derecho al contradictorio, a la contradicción, al contraargumento en juicio. Linchamiento y escrache no son lo mismo. El escrache, como lo habilitamos en Argentina cuando el Estado se volvió genocida, y en realidad podríamos volver a habilitar ahora, porque constatamos, como en el caso de Lucía Pérez o el caso del jury al Juez Rossi (que había dejado en libertad, a pesar de tener condena por violación, a quien mató luego a Micaela García), que la justicia nos traiciona, se elabora a través de un “proceso”, que es de justicia aunque no de justicia estatal».

Por último, Segato citó a un jefe de la policía de El Salvador para concluir «que la mujer del futuro, no sea el hombre que estamos dejando atrás».

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