La crisis bielorrusa, una guerra de desgaste

Nasta Zajarévich – Minsk

Las movilizaciones pacíficas contra el régimen del presidente Alexandr Lukashenko entraron hoy en su cuarta semana sin que se vislumbre una salida a la crisis bielorrusa, convertida en una guerra de desgaste y paciencia que ya ha dejado su impronta en la historia de esta antigua república soviética.

Cuando parecía que Lukashenko, alentado por el respaldo del Kremlin, había tomado la iniciativa, la oposición consiguió congregar este domingo en Minsk a más de 100.000 personas, que desafiaron los carros blindados y el dispositivo de seguridad con que se protegió el mandatario en el Palacio de la Independencia.

Por segundo domingo consecutivo, se difundieron imágenes del presidente bielorruso empuñando un fusil Kaláshnikov, en una clara declaración de intenciones de que no renunciará, al menos por ahora, al poder que ostenta desde hace 26 años.

Pero sus adversarios, seguros de que la clave para seguir los embates contra Lukashenko es mantener el carácter pacífico y, sobre todo, masivo de las manifestaciones, no ceden en su demandas y confían en erosionar el sistema que le sostiene.

  • UN SISTEMA «ALGO AUTORITARIO» 

El presidente bielorruso admitió hoy que el sistema político del país es «algo autoritario» y se mostró dispuesto a ceder parte de sus facultades, al reunirse con el presidente del Tribunal Supremo, Valentín Sukalo.

«Hay que lograr que el sistema no esté ligado a ninguna personalidad, Lukashenko incluido», dijo el mandatario, que suele referirse a él mismo en tercera persona, según la agencia oficial BELTA.

Sin embargo, rechazó de plano la propuesta opositora de volver a la Constitución de 1994, que le concedía amplias facultades al Parlamento, e insistió en que se está trabajando en el proyecto de una nueva Carta Magna que será sometido a la consideración de los ciudadanos.

Una muestra más de que Lukashenko no está dispuesto a ceder es la decisión de las autoridades bielorrusas de impedir la entrada hoy en el país del arzobispo católico de Minsk y Moguiliov, Tadeusz Kondrusiewicz, en la frontera con Polonia.

Para María Kolésnikova, miembro de la directiva del Consejo de coordinación opositor de traspaso pacífico del poder, las declaraciones de Lukashenko no son más que un intento de manipulación de la sociedad y de introducir cambios para que nada cambie.

«Lo que tenemos claro es que somos una mayoría y que nuestra conciencia como pueblo ha cambiado totalmente. Ahora, los bielorrusos tienen dignidad y exigen ser respetados. Y ese es un sentimiento de libertad que no puede ser extinguido de ninguna forma», apuntó en una entrevista con Efe.

Por lo pronto, esta mayoría, al decir de Kolésnikova, no piensa darle respiro a Lukashenko y convierte cualquier acontecimiento en una oportunidad para mostrarle su rechazo.

  • LAS ESCUELAS, UN ÁMBITO DE PROTESTAS 

Con motivo del inicio escolar, en las redes sociales se multiplican los llamamientos a presionar a las administraciones de las escuelas, que funcionan como colegios electorales, acusadas de «participar en el fraude» del 9 de agosto, cuando según los datos oficiales Lukashenko fue elegido con el 80,1 % de los votos.

Los opositores han pedido a los padres que retiren su hijos de las organizaciones infantiles y juveniles oficiales, que no donen dinero para reparaciones y actividades en escuelas ni para regalos a maestros, y que se abstengan de asistir a reuniones.

«Las escuelas deben estar al margen de la política y los niños tiene que estudiar», afirmó hoy la presidenta del Consejo de República (Parlamento), Natalia Kochanova.

En ese mismo sentido se pronunció el ministro de Educación bielorruso, Igor Karpenko, quien llamó a los padres a «no convertir la escuela en un campo de batalla política».

  • LA OPOSICIÓN PASA A LA OFENSIVA EN EL EXTERIOR 

Los opositores buscan aumentar la presión sobre Lukashenko también en el exterior: la campaña de la candidata presidencial de la oposición, Svetlana Tijánoskaya, que se declaró ganadora de los comicios del 9 agosto y actualmente está exiliada en Lituania, anunció este lunes una ofensiva en organismos internacionales.

El próximo 4 de septiembre Tijanóvskaya presentará al Consejo de Seguridad de la ONU un informe por videoconferencia sobre la situación el Bielorrusia y el 8 del mismo mes hará lo mismo ante la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa.

La líder opositora expresó hoy su preocupación por las recientes declaraciones del presidente ruso, Vladímir Putin, acerca de que ha creado a petición de Lukashenko un contingente policial para enviar al país vecino.

«Sería una violación de la soberanía de Bielorrusia y tendría graves consecuencias para las relaciones entre Bielorrusia y Rusia», declaró Tijanóvskaya, quien recalcó que lo que ocurre en el país es una «protesta popular pacífica contra un régimen que intenta robar unas elecciones y usurpar el poder», citada por su campaña.

Mientras, el Kremlin anunció hoy que Lukashenko viajará en el plazo de dos semanas a Rusia para reunirse con el presidente ruso, su principal valedor ante la condena occidental.

Ambos mandatarios llegaron a un acuerdo al respecto en la conversación telefónica que mantuvieron el sábado, cuando Lukashenko cumplió 66 años.

El portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, destacó que las fuerzas de seguridad bielorrusas tienen la situación «bajo control» y que, por el momento, no será necesario desplegar la fuerza policial conjunta.

Al respecto, los ministros de Exteriores, el ruso Serguéi Lavrov y el bielorruso Vladímir Makéi, mantendrán consultas el miércoles en la capital rusa para coordinar posturas después de que los tres países bálticos incrementaran su presión sobre Minsk al aprobar hoy una tanda de sanciones contra una treintena de altos funcionarios bielorrusos, incluido Lukashenko.

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