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Archivo periodístico · 2019-03-20

Los presidentes exhiben una alianza populista y azuzan el miedo al socialismo

Publicado originalmente: 2019-03-20 · 747 palabras · Fuente histórica verificable

Edición histórica del 2019-03-20. Texto recuperado de una copia documentada de la publicación, sin generación editorial artificial. Procedencia: archivo de origen.

ESTADOS UNIDOS// INFOBAE

Donald Trump y Jair Bolsonaro abrieron ayer en Washington una nueva etapa en las relaciones entre Estados Unidos y Brasil, y exhibieron su alianza populista ante lo que han acordado identificar como un riesgo inminente al hilo de la crisis venezolana: el socialismo.

El presidente norteamericano recibió en la Casa Blanca a quien desde que ganó las elecciones se le bautizó como “el Trump del Trópico”, por su discurso crispado y de corte nacionalista con el que llegó al poder.

Trump mostró su apoyo en la entrada del país en la OCDE, el club de las economías más fuertes del mundo, e incluso en un posible ingreso en la OTAN.

Pero más que de resultados concretos, la cita supuso para Brasilia un baño de ideología en el país más poderoso del planeta.

Nada más verse en el Despacho Oval, los líderes de los dos países más poblados de América echaron mano de esa socorrida y popular diplomacia que es el fútbol. Bolsonaro regaló a Trump una camiseta de la selección brasileña con el número del héroe nacional Pelé y el estadounidense hizo entregando a su homónimo una de Estados Unidos.

Ambos juegan en el mismo equipo en más de un sentido el discurso de corte nacionalista y populista o su uso incendiario de las redes sociales—, aunque gobiernen situaciones políticas y económicas muy dispares.

Para Bolsonaro, Trump es mucho más que el líder de la primera potencia del mundo, es el modelo en el que se inspiró para ganar contra pronóstico y en el que se inspira a diario con un discurso constante de ellos contra nosotros a costa de ahondar en la polarización.

“Respetamos a la familia tradicional, somos temerosos de Dios, en contra de la ideología de género, de lo políticamente correcto y de las fake news” dijo el brasileño en la rueda de prensa posterior a la cita, en los jardines de la Casa Blanca.

Brasilia buscaba el apoyo de Washington para entrar en la OCDE, acuerdos en defensa que permitirían a las empresas brasileñas participar en licitaciones del Pentágono lo que sería agua de mayo para la aeronaútica Embraer y comprar material estadounidense a mejores precios.

Washington por su parte buscaba que sus empresas puedan utilizar la base espacial militar de Alcántara, en el Estado de Maranhão (noreste), para lanzar satélites comerciales.

Hubo consenso en esos aspectos y, en un momento de la rueda de prensa, Trump se sintió tan entusiasmado incluso se comprometió, de forma algo ligera, a espaldar un hipotético ingreso de Brasil en la Alianza Atlántica, algo que para lo que, admitió”.

Ambos evitaron abordar los aspectos que les separan en la crisis de Venezuela, uno de los asuntos clave en la relación de estos países.

Los dos rechazan a Maduro, reconocen a Guaidó como presidente interino del país sudamericano y reclaman la celebración de elecciones. Pero la Casa Blanca insiste hasta la saciedad que la opción de una intervención militar este sobre la mesa y Brasil no quiere participar en ello.

Preguntados por esta posibilidad, Trump recalcó que Washington todavía no ha empezado a aplicar “las sanciones más duras” contra el régimen chavista, dando a entender que todavía queda recorrido hasta hacer uso de la fuerza.

Y su homólogo brasileño evitó pronunciarse sobre si permitiría la presencia de tropas estadounidenses en su territorio en ese caso.

Sin embargo, Venezuela sí les sirve a ambos presidentes para azuzar en clave doméstica el miedo al socialismo.

“Creo que Trump va a ser reelegido en 2020, creo que la gente repetirá su voto. Es lo mismo que me pasó a mí: ven lo que es el socialismo y ese es el sentimiento”. Trump, por su parte, tuvo dos guiños clave con su invitado.

Alabó el “fantástico trabajo de su hijo” Eduardo Bolsonaro, a quien hizo levantarse en la rueda de prensa para recibir un aplauso.

El también diputado es la persona que ha acompañado al presidente brasileño en el Despacho Oval en vez de su ministro de Exteriores.

Ese también es otro aspecto que une a ambos mandatarios: Trump también recurre a la familia, y ha dado a su yerno, Jared Kushner, un papel preferente en las relaciones con países como Israel o México.

Más allá de los resultados tangibles, sentarse en la Casa Blanca es una bendición para el entorno más antiglobalista y la base más ultraconservadora del Trump del Trópico.

“Por primera vez en mucho tiempo, un presidente brasileño que no es antiamericano llega a Washington.

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