En Tarija hay hambre: El desplome del sector informal, gastronómico, construcción acompañan la crisis

“Encontramos a una abuelita que no podía caminar, estaba enfermita, veíamos que (junto a su familia) sólo comieron sopa de harina de trigo con porotos negros, ese fue el almuerzo de esa familia por cuatro días” compartió con pena una de las trabajadoras a El Andaluz.

(Roberto A. Barriga/ El Andaluz)

Trabajadores de TVA cargando donaciones.

No es un misterio que Televisión Andalucía junto con el periódico El Andaluz, desde que comenzó la pandemia, estuvieron realizando “campañas solidarias”, entregando recursos para los más necesitados, estas campañas entraron casi dentro de la normalidad en los quehaceres de la empresa, hoy en día es parte del trabajo que desempeña, todos los días se entrega alimentos y todos los días falta, relatos desgarradores flotan, la gente está desesperada.

La pasada semana se entregó un cargamento de víveres en los barrios periféricos de la ciudad, dentro de ese cargamento se contaba con una bolsa de tomates, algunos de estos fueron aplastados por las demás bolsas, estos tomates aplastados a la hora de la entrega fueron desechados, apartados por no ser aptos para consumo, al realizar la entrega total de la carga, algunas personas fueron a rebuscar en los tomates desechados para llevárselos a sus hogares, las famélicas familias de Tarija entraron en una emergencia alimentaria, la imagen fue desesperante, desgarradora, no había más comida, y no se le podía negar a nadie la basura.

La necesidad es tanta que los mensajes, llamadas al canal casi en su totalidad es para ayudar a personas o porque alguna familia está pasando hambre.

Los más afortunados pueden acceder a carne o huesos de vaca, sin embargo, en la mayoría fideo y harina para ser mezclada con agua y sal es su alimento diario, los habitantes de Tarija se están alimentando de una forma inadecuada e indebida, no podrían estar aptos para afrontar ninguna enfermedad.

Doña Rosa, madre y abuela a cargo de una familia de cinco, nos comentó que con suerte pueden conseguir de alguna vecina huevo, pero en general fideo con agua y la poca papa que le queda es lo que comen sus hijas y nietos. Comerciantes de papa, sin dinero alguno, todavía cuentan con su mercancía para comer, y si pueden vender adquieren harina de trigo, “No sabemos hasta cuando estaremos así, pero se nos está acabando rápido” Asegura Rosa.

En Tarija no se llega a los requisitos mínimos para sostener a las familias con una alimentación correcta. Proteínas, hidratos de carbono, grasas, vitaminas y minerales es lo que debe contener la alimentación básica de un ser humano según varios expertos, la Organización Mundial de la Salud y el fondo de UNICEF para la alimentación de menores.

La “Sole” incansable voluntaria que a diario esta repartiendo a familias alimentos, comparte testimonios desgarradores, existen familias que hacen hervir una sopa y comen cuatro días lo mismo.

“Cuando llegábamos solo íbamos con víveres para 22 máximo familias, y nos salían personas con niños, y ya nos quedábamos sin víveres, recuerdo que fuimos a dejar víveres a una familia y encontramos a una abuelita q no podía caminar estaba enfermita, veíamos que solo comieron sopa de harina de trigo y le pusieron porotos negros con sal, ese fue su almuerzo por cuatros días en una familia” compartió con EL Andaluz, “hay dolor” finalizó.

Higiene y otras cosas serias

Existe un común denominador en las familias que necesitan comida y están al borde del colapso, ninguno de ellos utiliza barbijos, sus niños no utilizan pañales, no lavan sus manos a diario y con frecuencia y NO CUENTAN CON JABÓN NI DETERGENTES.

Esta población en la mayoría de los casos es consciente de que se debe lavar las manos, pero no tiene ni pueden pagar por alimentos, menos por detergentes, las diarreas, las enfermedades están esperando en la puerta, y no es el Covid-19. A pesar de la preocupación por la alimentación de la población, muchas personas donan alimentos, pero lo que nadie esta donando es jabón, detergentes, barbijos, existe un número desconocido de la población bajo estas condiciones, no saben dónde acudir y tiene terror a ir a centros de salud u Hospitales, el Covid-19 es visto como una sentencia de muerte, a palabra de uno de nuestros beneficiarios “ voy a morir sin enterarme”.

Desplome de la economía y de los estómagos

Se necesita con urgencia la donación del Banco de alimentos.

En un análisis económico sobre la situación actual en Tarija del economista, Diego Vacaflores, se puede apreciar que los bonos del Estado apenas alcanzan para sostener una semana a una familia de escasos recursos, la falta de trabajo en especial para este sector que esta siendo directamente afectado con la pandemia está ocasionando un desastre.

Para entender más el panorama, Vacaflores retrata en su informe económico de 27 páginas que los sectores más afectados son la construcción, el turismo y gastronomía, el transporte rural urbano. Básicamente son sectores paralizados y que están a punto del colapso, porque se están comiendo sus ahorros, y están sobreviviendo de la acumulación capital que tuvieron anterior a la pandemia, lo que significa que, de ser personas de clase media, el Covid-19 los esta volviendo clase baja, y los de clase baja es difícil imaginar.

La problemática del trabajo en Tarija según expuso Vacaflores, es complicada porque existe una fuerte dependencia del Estado, en su perspectiva las inyecciones económicas deben ir tanto a las empresas como al sector informal, debido a que las transferencias monetarias permiten que el rubro siga funcionando y la economía de mueva a mayor cantidad de personas.

Las condiciones climatológicas igual no ayudaron este año, hubo un desplome según reporta el economista en la industria agrícola, lo que significa que otro sector esta siendo afectado sin contar con la pandemia.

A todo esto, se suma la indiferencia de las autoridades, son incontables las veces que vecinos anónimos, hasta autoridades barriales denunciaron desconocer cuando y quienes entregan alimentos, es ahora cuando se necesita que los administradores públicos coordinen y tomen acciones hacia los desprotegidos, porque se comenzará a tener muertos a causa de deficiencia alimentaria.

¿Una pregunta se cruza la cabeza de cientos de personas, dónde está el banco de alimentos?

Hambre en el mundo

El número de personas que pasan hambre en el mundo aumentó en 37 millones entre 2017 y 2018. En ese último año, la cifra de personas que sufren el hambre alcanzaba la escandalosa cifra de 822 millones. Así lo señalaba el informe Global Hunger Index (GHI) presentado en octubre de 2019 y que es elaborado cada año por Alliance 2015. Para la inmensa mayoría de esos millones de personas, la pandemia de la COVID-19 no ha mostrado su peor cara.

Hablar de hambre en mitad de una emergencia como esta no solo no resta importancia a seguir empujando el esfuerzo sanitario. Al contrario, nos obliga a mirar también hacia otras necesidades que la COVID-19 nos traerá. Una de ellas es el hambre, que ya era una emergencia en sí misma antes de la pandemia.

El Programa Mundial de Alimentos ya ha solicitado contribuciones por valor de 1.900 millones de dólares para dar asistencia alimentaria por tres meses a los países más frágiles. Para Haití o Níger, que ocupan respectivamente los puestos 111 y 101 de los 117 países analizados en el GHI , las consecuencias económicas de la COVID-19 pueden ser demoledoras para la alimentación de sus habitantes.

¿Cómo afectará la COVID-19 a la población más empobrecida?

Todavía hay incógnitas sobre si en los países más cálidos y con una población media mucho más joven, la transmisión del virus será tan letal como en el Norte. Sin embargo, conviene prepararse: el número de contagios y fallecidos está creciendo día a día. La Unión Africana reportaba el 7 de abril más de 10.000 casos y casi medio centenar de muertes. En todo caso, aunque la crisis sanitaria no les afectase tanto como al Norte, un pequeño incremento de infecciones supondría ya un riesgo de colapso en sus débiles sistemas sanitarios públicos y de protección social. Enfermedades derivadas del mal estado del agua como la diarrea, con 1.700 millones de casos y más de medio millón de muertes de niños al año, u otras como la malaria y el VIH (con 25,7 millones de infectados en África) ya suponen un reto para la sanidad de estos países.

COVID-19 y hambre: las regiones más afectadas

En la región Latinoamericana y del Caribe, la CEPAL estima que más del 47% de la población no tiene acceso a ningún tipo de protección social. Así mismo señalaba que en 2020 la cifra de personas pobres en la región podría aumentar de 186 a 220 millones, con 90,8 millones de personas viviendo con menos de 1,9 dólares al día.

En África, regiones como el Sahel o el Cuerno de África ya están en grave situación por hambre. Esta última región está soportando ahora una plaga de langostas que está arruinando sus cosechas. Un grupo de ONG, entre las que se encuentra Ayuda en Acción, ya alertó a finales de marzo sobre ello. La Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios apuntaba, a finales de 2019, que este año habría 167,6 millones de personas que necesitarían ayuda humanitaria.

Hambre y confinamiento por la COVID-19

Otra de las preocupaciones relacionadas con la COVID-19 y el hambre es la puesta en marcha de las medidas de confinamiento. Estas medidas en la India nos han dejado imágenes de un éxodo de trabajadores que malvivían en las ciudades, caminando por las carretas hacia sus comunidades de origen de donde salieron huyendo por el hambre. Las mismas (y necesarias) medidas de confinamiento impiden a millones de personas salir a trabajar a diario para procurarse un sustento básico.

Según cifras de la OIT, el 60% de los trabajadores del mundo trabajan en la economía informal, sin sistemas de protección social y con poco acceso al crédito. Muchos de estos trabajadores dedican una importante parte de sus ganancias a la alimentación básica familiar y muchas son mujeres que viven en países en desarrollo.

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