La corrupción: práctica arraigada en los gobiernos norteamericanos

Muchos ingenuos norteamericanos votaron por Donald Trump como presidente pensando que como este era un exitoso millonario no incurriría en hechos de corrupción. ¡Craso error!. Pronto descubrieron que el oligarca, entre otros aspectos negativos de su criminosa personalidad, tal vez sea el mandatario estadounidense más corrupto de la historia.

Por Miguel Ángel García Alzugaray

Trump

A pesar de que Trump antes de ser electo Presidente ya estaba involucrado en varias escandalosas operaciones fraudulentas, en realidad estos votantes comenzaron a comprender que se habían equivocado al enterarse el año pasado, de labios del presidente del Comité Judicial de la Cámara de Representantes, Jerrold Nadler, que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sería investigado por obstrucción de la justicia, corrupción y abuso de poder.

Como se recordarán, estas investigaciones fueron iniciadas gracias a la declaración del exabogado de Trump, Michael Cohen, ante el Comité de Supervisión de la Cámara Baja donde compartió información comprometedora del mandatario.

Según Nadler, se esperaba la solicitud de documentos y declaraciones de más de 60 personas; entre ellas al hijo de Trump, Donald Trump Jr., además del director financiero de la Organización Trump, Allen Weisselberg, y encargados del Departamento de Justicia.

Por su parte, el presidente del Comité de Supervisión, Elijah Cummings, planteó citar a otros familiares de Trump, como también a parientes de Weisselberg.

Asimismo, el Comité de Recursos Fiscales estaba investigando las declaraciones de impuestos del presidente de EE.UU. Adicionalmente, el Comité de Inteligencia y el de Finanzas también estaban planificando abrir investigaciones en contra de Trump.

Como siempre hace, sobre estas acciones Donald Trump se declaró inocente y acusó ser víctima de una persecución en su contra en los últimos dos años, lo que denominó como una «cacería de brujas ilegal».

Más recientemente, en febrero pasado, Donald Trump, conmutó la sentencia de un exgobernador de Illinois encarcelado por corrupción, y también indultó a un jefe de policía de la ciudad de Nueva York, encarcelado por fraude fiscal.

También se entregaron indultos a Edward DeBartolo Jr., expropietario del equipo de fútbol americano San Francisco 49ers., y a Michael Milken, un conocido financiero que se declaró culpable en 1990 de fraude de valores e impuestos.

Esta serie de acciones, 11 en total, aumentó las expectativas de que Trump esté considerando ejercer su poder en casos más controvertidos que involucran a antiguos socios cercanos de negocios sucios de todo tipo, incluido el consultor republicano Roger Stone.

Trump, quien con un descaro descomunal hizo campaña afirmando que lucha contra la corrupción en Washington, fue impreciso sobre su justificación para otorgarle la libertad aestos connotados rufianes.

No es casual que la senadora Elizabeth Warren planteara en el plan, publicado el 16 de septiembre del 2019, como parte de su campaña presidencial que:

“La administración Trump es la administración más corrupta de nuestras vidas”. Pero el problema de la corrupción de Washington es mucho más grande que Trump.

Continúa la senadora afirmando en este revelador documento que: “En el año 1958, la Encuesta Nacional de Elecciones le hizo a los estadounidenses una pregunta simple: ¿Confías en que el gobierno está haciendo lo correcto la mayor parte del tiempo? Ese año, el 73% de los estadounidenses dijeron que sí. En el 2019, ese número es solo el 17%. Cinco de cada seis estadounidenses no confían en que su gobierno hace lo correcto.

¿Por qué tantas personas han perdido la fe en el gobierno?

Es cierto que en estos días, nuestro gobierno no está funcionando para la mayoría de las personas. Claro, funciona muy bien para los ricos y los bien conectados, pero no para todos los demás.

No funciona porque las grandes compañías de seguros y los conglomerados de hospitales priorizan ganancias antes que la salud y el bienestar del pueblo estadounidense, y desperdician montones de dinero en campañas políticas y esfuerzos de cabildeo para bloquear cualquier movimiento de Medicare para todos.

No funciona porque las grandes compañías petroleras que han ocultado estudios climáticos, y financiado investigaciones de negación climática, entierran a los reguladores en una avalancha de pseudociencia de mala fé y luego gastan libremente en influenciar al Congreso, para asegurar que algo como el Green New Deal nunca sea aprobado.

No funciona porque las compañías farmacéuticas gigantes quieren exprimir hasta el último centavo de las personas que dependen de sus medicamentos recetados, mientras que su ejército de cabilderos hunde la reforma cada vez que hay una discusión en el Congreso sobre el precio de los medicamentos.

Cuidado infantil universal. Reforma al sistema de justicia criminal. Viviendas asequibles. Reforma sobre las armas. Mira atentamente y verás: en todos los asuntos importantes, las políticas ampliamente populares se ven obstaculizadas porque las corporaciones gigantes y los multimillonarios que no quieren pagar impuestos o seguir reglas usan su dinero e influencia para interponerse en el camino de un gran cambio estructural.

Tenemos que llamar eso por lo que es: Corrupción simple y sencillamente.

Naciones extranjeras, como Arabia Saudita, canalizan dinero hacia los bolsillos de Trump, gastando dinero libremente en sus hoteles.

La propuesta fiscal de Trump es un regalo de $1.5 billones que ayuda principalmente a las grandes corporaciones y a estadounidenses ricos.

Los jueces de la Corte Suprema de Trump fueron elegidos por grupos extremistas de derecha que gastaron millones en anuncios de televisión, primero para mantener abierto un asiento en la Corte Suprema en la Administración de Obama, y luego para presionar al Senado a que eligieran a sus candidatos preferidos, incluso cuando significaba ignorar los cargos graves de asalto sexual para asegurar la confirmación.

El elegido de Trump para director de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) fue un opositor del cambio climático con vínculos a la industria petrolera.

Cuando se vio obligado a renunciar después de una serie de violaciones de ética, Trump lo reemplazó con un ex cabildero del carbón.

Los embajadores de nuestra nación reflejan a los mayores donantes de Trump y miembros de Mar-a-Lago.

Pero estos problemas no comenzaron con Donald Trump.

Son mucho más grandes que él y resolverlos requiere un gran cambio estructural para transformar nuestro gobierno”.

La corrupción un axioma del capitalismo neoliberal.

Aunque la senadora Warren no llega en sus aseveraciones a este punto, lo cierto es que ya sea en Colombia, Brasil, Chile o Estados Unidos, la corrupción tiene algo en común: la presencia del dinero en política es inevitable. Hay empresas que necesitan que los políticos legislen, voten o medren en su favor. Es obvio por tanto que van a intentarlo todo. Estos políticos corruptos ya ganan bastante dinero, pero los favores que reciben les pueden nublar la vista.

Por ejemplo, en Estados Unidos, entre las 140 organizaciones o empresas que más dinero han donado a políticos desde 1989, figuran la National Football Association, de fútbol americano, los sindicatos (de larga tradición mafiosa) y la Asociación Nacional del Rifle.

Por ello, no debe extrañarnos que el presidente Donald Trump que recibió más de 30 millones de dólares para su campaña presidencial de la precitada armamentista organización, sea tan reticente a promover y aprobar una ley que restrinja la venta de armas en los Estados Unidos, a pesar de las reiteradas matanzas ocurridas en los últimos tiempos en ese país y las crecientes demandas de su población al respecto. Pero para el inquilino de la Casa Blanca esta coima no es un vulgar acto de corrupción, sino lo más normal en la vida de un político norteamericano.

Emma Gonzalez, que sobrevivió a una de las tantas masacres de La Florida, dijo que cada muerto por tiroteos en EE. UU., durante 2018- 2019, le ha representado al mandatario unos US$ 58.000 de ganancia.

Bryan Weaver, un activista del partido demócrata, describe magistralmente la corrupción en el sistema político estadounidense al aseverar lo siguiente: “Los políticos de Washington han desarrollado una sofisticada cultura de la corrupción, dentro de la modalidad de “dejar pasar” eventos neurálgicos de la política norteamericana”. En otras palabras, el “lapsus ético” está a la orden del día.

En Estados Unidos no es que no haya una degradante corrupción entre la clase política, pero los escándalos sexuales suelen quitarles protagonismo a los políticos, que parecen pasar desapercibidos entre la población norteamericana.

A diferencia de otros países, donde cualquier caso de corrupción política es ampliamente difundido por los medios de comunicación, para que un tema de corrupción tenga repercusión nacional en Estados Unidos “tiene que ser muy gordo” y afectar a una figura importante, según señala el experto en corrupción política de la Universidad de Denver, Peter deLeon.

“La mayoría de casos de corrupción política en Estados Unidos tienen que ver con sobornos y clientelismo”, afirma el experto, autor del libro ‘Reflexiones sobre corrupción política’.

En la mayor economía del mundo “prolifera el tráfico de influencias”, explica deLeon, quien asegura que “es frecuente el intercambio de favores a cambio de dinero”. O de dinero a cambio “de acceso”.

El experto llama “acceso” al fenómeno por el cual se desembolsan grandes cantidades de dinero a cambio de conocer o poder estar en contacto con personalidades del gobierno, del mundo de las finanzas o líderes internacionales.

Sin ir más lejos, muchos presidentes de Estados Unidos se han vendido a esta práctica en numerosas ocasiones.

Así por ejemplo, con el objetivo de recaudar fondos para su campaña electoral, Obama organizó varias veladas con empresarios y todo aquel que estaba dispuesto a pagar miles de dólares por cenar con él.

El presidente estimó que el precio adecuado que debía pagarse por una velada en su compañía era de 35.000 dólares (unos 26.600 euros), aunque no es el primer ni único político americano que ha recurrido a esta práctica, considerada como poco ética por varios grupos de opinión.

El expresidente estadounidense, Bill Clinton, organizó también veladas para recaudar fondos con los que saldar la deuda acumulada por la campaña de su mujer, Hillary, durante su candidatura presidencial en 2008.

Se debe destacar que el “marco operativo” de esta degradante conducta ha evolucionado étnica y económicamente. La concentración del poder económico descansa hoy en una Elite de empresarios lobistas y políticos con mucho poder que han desplazado a los “tradicionales” del entorno clientelista de Washington. De ahí el surgimiento de una “cultura urbana” que ha cementado las bases de un crecimiento comercial, que compite con las atracciones culturales e históricas de las grandes urbes norteamericanas.

¿Dónde radican los ¨nuevos términos de intercambio¨ de la corrupción en esas urbes?:

1-Las compañías más relevantes, en el ámbito de la construcción, tecnología e intermediación financiera, tienen una agenda MUY agresiva en las esferas del poder de Washington.

2-Las calificadoras de riesgo financiero dependen cada día más del capital de los grandes consorcios transnacionales, por lo que las impulsa a un “lobbysmo” más agresivo en favor de esos intereses.

3-La coima, como tal, no es un instrumento de escarnio y objeción; se ha convertido en un ¨instrumento¨ de desarrollo e inversión en estos consorcios, con el agravante de la impunidad legalizada.

Además, el político estadounidense ha descubierto que lo que es “objetable” en su país, es “costumbre” en otros países. De ahí que, los esquemas de la corruptela ya NO se generan en Washington, si no “offshore”.

La fiscalía de Maryland acusa a Trump de corrupción

Donald Trump fue demandado ante una corte federal del estado de Maryland, acusado de cometer actos de corrupción al no distanciarse de sus negocios.

La demanda fue presentada por los fiscales generales del Distrito de Columbia y de Maryland.

De manera conjunta los fiscales generales de la ciudad de Washington y de Maryland interpusieron una demanda en contra de Trump acusándolo de corrupción y de no someterse a la Constitución. Trump había dicho que dejaría sus negocios a cargo de un fideicomiso y que sus hijos administrarían sus empresas, sin embargo los propios fiscales dijeron que Trump recibe informes periódicos sobre el estado de sus negocios.

La Constitución prohíbe claramente que un funcionario público reciba donaciones, premios, estipendios o títulos que provengan de gobiernos extranjeros, sin embargo a través de su hotel a pocas cuadras de la Casa Blanca, ocurre exactamente lo contrario. Por ello acusan al presidente de haber violado cláusulas anti-corrupción de la Constitución al aceptar millones de dólares en pagos y beneficios de gobiernos extranjeros desde que se mudó a la Casa Blanca. Asimismo, empresas hoteleras se quejan de una competencia desleal.

Los fiscales dijeron haber iniciado la demanda debido al silencio cómplice del Congreso, de mayoría republicana, que no estaría cumpliendo con el precepto constitucional de control y balance de poderes.

Resumiendo lo expuesto, deseamos resaltar que hasta el presente Trump ha logrado con el apoyo incondicional de la bancada republicana evadir su responsabilidad en los innumerables casos de corrupción que se le imputan.

El macabro desastre de la epidemia de coronavirus en los EE.UU con sus decenas de miles de fallecidos y la vergonzosa ineficiencia de Trump para organizar el enfrentamiento a la misma, le han servido para desviar la atención de la opinión pública de varios casos de corrupción que salpican directamente al oligarca mandatario y que pudieran llevarlo a la cárcel si pierde las próximas elecciones.

Por lo menos el candidato demócrata Joe Biden afirma que si gana la presidencia de los EE.UU, “no piensa mover un dedo por salvar a Donald Trunmp de la acción de la justicia”.

Tal vez por ello, el corrupto mandatario yanqui busca desesperado una “cabeza de turco” que lo exima de su genocida responsabilidad, acusando a China y la OMS de ser los culpables de la pandemia, promoviendo agresiones mercenarias y bloqueos navales contra Venezuela, recrudeciendo el criminal bloqueo económico y financiero contra Cuba, así como ordenando un asalto terrorista contra la embajada de nuestro país en Washington.

Convencidos de que la corrupción es consustancial a la cultura de la mayoría de los políticos yanquis, no estamos muy seguros de que Trump responda alguna vez de sus innumerables fechorías ante una corte estadounidense.

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