Cuando un enfermo mental no va a la cárcel por cometer un delito grave

REDACCIÓN CENTRAL/TINTA ROJA

Cuando una persona comete un delito grave, si es detenido y juzgado, normalmente le corresponde una pena (de cárcel) proporcional al daño, tipo y características del hecho cometido. Sin embargo, el Código Penal establece una serie de atenuantes (reducciones del grado de responsabilidad y normalmente de la pena) y eximentes (ausencia de responsabilidad) aplicables cuando una persona comete un delito y pueda demostrarse que tiene algún tipo de trastorno o enfermedad mental que influya, explique (y/o justifique) su conducta delictiva.

Para determinar si se puede imputar (atribuir) este tipo de actos a un individuo, se requieren dos condiciones básicas, según explicó el abogado Luis Mendoza C., por un lado, que en el momento de la ejecución del delito la persona disponga de un nivel adecuado de inteligencia y de comprensión de sus actos y, por otro, que goce de la libertad de su voluntad

“De actuar en consecuencia para poder escoger entre los diversos motivos de su conducta. Así, se suele distinguir entre circunstancias que atenúan o eximen de responsabilidad frente al delito cometido, el sujeto no es imputado por su imposibilidad de discernir entre lo que está bien y mal o por verse afectadas sus capacidades volitivas o intelectivas”.

Según estas circunstancias, se puede reducir la pena en el caso de poder demostrar una causa atenuante o incluso eximirle de su responsabilidad y ser “obligado” a recibir asistencia ambulatoria, ingreso hospitalario o derivación a una institución psiquiátrica penitenciaria por considerar que su psicopatología le afecta en suficiente grado como para haber cometido el delito. En esta situación, la responsabilidad jurídica del acto no se le atribuye a un “normal” funcionamiento de su comportamiento y, por lo tanto, requiere tratamiento

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