Albarracín se abre a una candidatura, aunque dice que lo más importante es la democracia.

Albarracín: “Puedo ser el uno, el dos o el 10 de una nueva alternativa política”

Página Siete/La Paz

El día en que la Policía disparó una granada de gas contra su hijo, Waldo Albarracín apuntó hacia la cámara y dijo: “Carlos Romero te voy a demandar penalmente por instruir a la Policía reprimir a la familia Albarracín”. Ese día dejó de ser un manifestante más y su perfil público creció. 

Fue Defensor del Pueblo, presidente de la Asamblea de Derechos Humanos de Bolivia y ahora se desempeña como rector de la Universidad Mayor de San Andrés en su segundo periodo consecutivo.

Se comprometió a fondo con las protestas que buscan el respeto al voto del 21F para evitar que Evo Morales postule nuevamente y, en ese marco, apareció en las encuestas de dos empresas como potencial candidato presidencial para 2019.

Tiene 61 años, cuatro hijos,  tres nietos y por primera vez habla de su inminente incursión en la política. Dice que el pueblo decidirá si va de primero, segundo, tercero o mensajero de la nueva alternativa política.

Usted ha empezado a aparecer en algunas encuestas como potencial candidato presidencial. ¿Cómo ha recibido la noticia?

Yo asumí con humildad, desde luego con mucho respeto a la ciudadanía, pero también con cierta incomodidad porque desde la universidad y conjuntamente otras instituciones hemos priorizado la defensa del sistema democrático. Nos preocupa que exista la intención manifiesta  de reducir el sistema democrático a su mínima expresión, nos preocupa que para el Gobierno la prioridad sea su estadía en el poder. Ese es el motivo por el que se creó Conade, que es lo que más le ha dolido al Gobierno.  En ese marco, hubo una masiva marcha el último 21 de febrero, pero estoy seguro que si realizamos la convocatoria bajo el rótulo de algún partido no hubiese venido ni el 10% porque a nadie le gusta ser utilizado. Ser consecuente con este movimiento institucional cívico ciudadano es un imperativo categórico y un imperativo moral también. Aprovecharse de toda esta movilización ciudadana  para sacar una tajada personal no es ético, no es correcto, no es justo. Por eso, cuando vi la encuesta me generó una preocupación, una incomodidad, pero eso no significa que no asuma con respeto, con agradecimiento y también con humildad ese resultado de un 10%, que no lo pensaba. De todas maneras, en   2019 debe haber elecciones y los bolivianos y las bolivianas no podemos mirar de balcón, todos tenemos la obligación de pensar en que el país debe construir una nueva alternativa en Bolivia. La gente está cansada del pasado y del presente porque el comportamiento en el ejercicio del poder es muy similar en ambos. Corrupción en el manejo de la cosa pública, una total ausencia de independencia de poderes, vulneración de derechos humanos, incluso ejecuciones sumarias, que son crímenes de lesa humanidad. Asumo que en este 2019 la gente buscará  opciones nuevas y eso pasa por ofrecerle al pueblo boliviano una nueva opción, una nueva forma de hacer política. Si bien hay una obligación moral de no mezclar las cosas, pero viendo a mediano plazo, sí es necesario que el país en su conjunto vaya pensando en una alternativa. Si en esa alternativa tengo que estar de mensajero hay que estar, de secretario o de amanuense o ejerciendo alguna otra función. No tendría sentido todo lo que se está peleando hoy día si les entregas a los que ya han vivido de esta experiencia.

Entonces, ¿no está descartando la posibilidad de ser parte de esta alternativa,  verdad?

No estoy descartando, pero con una diferencia fundamental. Si algo le hace daño al país en el accionar de los activistas políticos es el exagerado ego. La oposición fue incapaz de conformar un frente porque nadie quiere ser el número dos, porque todos se creen presidenciables. Otro fenómeno que le hace daño al país son los caudillos dueños de los partidos, por eso el MAS se  obsesiona en tenerlo a Evo como candidato.

¿Usted está viendo la posibilidad de ser el uno o el dos? ¿No le importaría?

El uno, el dos, el tres, el cuatro, el cinco o el 10 o el mensajero. Qué tal si para el próximo año emerge una figura femenina con fuerza y con contundencia y que te garantice todos estos referentes éticos, por qué no vamos a apoyar. Yo creo que al partido deben ir los mejores y con capacidad de desprendimiento humano, no sólo los que han leído más. Lo que yo quiero decir es que en los cargos  de liderazgo  deben estar los mejores elementos humanos, incapaces de caer en la tentación del robo,  en la tentación del abuso, del atropello. La condición no es que seas el uno o el dos, eso tiene que salir de un consenso ciudadano dentro y fuera de la organización. No estoy diciendo que pongamos una versión nueva de la Madre Teresa de Calcuta porque cada uno de nosotros tenemos nuestros defectos, pero creo que debe ser mejor persona que el resto.

En esta nueva alternativa, ¿descartaría a líderes tradicionales como Revilla, Doria Medina, Costas, Patzi o pensaría que es posible todavía hacer una alternativa conjunta?

Uno tiene que ser respetuoso  con las diferentes figuras políticas. De lo que sí estoy convencido es que la conformación ya en una etapa electoral no puede prescindir de muchas fuerzas, pero creo que esas fuerzas tienen que subordinarse, más allá de personas, a esta nueva forma de hacer política. Pretender llevar lo viejo simplemente por hacer fuerza es como traicionar tus propios principios.

¿Dentro de los movimientos ciudadanos, cuáles son sus límites? Se dice que hay gente de los partidos tradicionales camuflada ahí.

Eso es probable, pero una manera de depurar de forma muy efectiva, pero muy ética es que las personas y los grupos se subordinen a un determinado lineamiento. Es hora de casar de manera indivisible  la ética con la política, tiene que haber una depuración natural, no puede cualquier trotamundos de la política que ha girado desde la ultraizquierda hasta la ultraderecha por oportunismo aparecer ahora en este otro escenario.

¿Pero no es mucho pedir en este contexto de pocas opciones?

No estamos planteando un partido de ángeles porque sería también demagógico, somos todos seres humanos de carne y hueso. Yo le ando pidiendo a Dios todos los días que me libere de esas tentaciones, porque de hecho no me considero una versión masculina de la Madre Teresa de Calcuta, pero tiene que haber una voluntad para que los buenos se impongan a los malos.

En ese marco, ¿usted cree que los líderes del MAS en estos 12 años del proceso de cambio han tenido mala calidad humana?

Sí, y lo digo con contundencia y con dolor, y también  con frustración porque muchos como yo hemos apoyado a Evo Morales cuando era dirigente en la defensa de sus derechos humanos. Cuando ellos llegaron al poder nuestra primera reacción fue apoyarlos porque entendíamos que podía ser una cosa diferente. Entonces la sensación de dolor, de frustración  se da cuando compruebas que ellos no son nada diferentes de los anteriores y que de paso son peores. Van hasta el tema personal,  hackearon la cuenta de la universidad y si a eso le añades las amenazas de muerte por el celular a mi familia, a mi persona…

¿Cuándo lo han amenazado?

En los últimos tres meses. Sé que viene del lado del Gobierno, pero también viene de aquí. Hemos encarcelado a decanos, docentes eméritos, vacas sagradas, pero lo de la página viene seguro del Gobierno, que ha contratado centenares de jóvenes que están trabajando en las redes sociales exclusivamente para insultar, para amedrentar o para generar una imagen hasta satánica de la persona.

¿Hasta qué momento usted apoyó al MAS?

Fue un apoyo no orgánico, que consistió en votar por el MAS. Votar y tener esa simpatía yo diría hasta el primer gobierno, porque Evo llegó al poder el año 2006,   para entonces yo era Defensor del Pueblo. Entonces Evo asimiló que la Defensoría del Pueblo, como antes lo defendíamos, tenía que ser una oficina afín al Gobierno. Yo me encargué de poner las cosas en su lugar. Me ha tocado defender a gente de derecha y a gente de izquierda y lo hemos hecho con la misma convicción independientemente de la formación que uno pueda tener. Entonces empezaron los ataques, pero también nos atacaron los de sectores de la oligarquía cruceña y ultraderecha.

¿Usted estaría abierto a que  la gente que ha salido desencantada del MAS sea parte de una futura alternativa política?

Yo creo que tienen el derecho y la obligación. Hoy día el país necesita del concurso activo, militante, consciente, pero fundamentalmente honesto de personas que en su momento han hecho prevalecer sus principios porque muchos han preferido renunciar a los privilegios que les proporcionaba estar el poder. Esa es una actitud principista.

¿Usted cree que Bolivia merece una nueva alternativa y un nuevo liderazgo como el que estamos describiendo?

Hay que crear las condiciones, nadie debe creerse presidenciable, así en términos individuales, pero sí creo fundamental que debe haber una actitud ambiciosa en el buen sentido de la palabra, para la creación de un instrumento para, en determinado momento, llegar a instancias del poder. Pero no sólo eso, sino que Bolivia necesita ser relanzada, como algunos países que en dos décadas han resuelto todos sus problemas de asimetría social. Lamentablemente el MAS lo que está haciendo es vendernos el pasado en copa nueva, es decir no está cambiando nada, ha empeorado las cosas, ha generado incluso una confrontación interna muy peligrosa con las propias organizaciones sociales, lo que no han hecho ni siquiera otros partidos; y eso es reaccionario, eso es fascista.

Hay gente que dice que usted sigue ligado al MAS y que ha trabajado de manera conjunta desde la universidad. En todo caso, ¿qué cosas rescataría y cuáles desmontaría del proyecto del MAS?

Como universidad es mi obligación trabajar con el Estado, con municipios, con el gobierno departamental, con el Gobierno nacional; sería una irresponsabilidad que yo haga prevalecer mis diferencias y perjudique a la universidad o al país. También sería irresponsable decir todo está mal; tenemos que ser justos, pues el hecho de la llegada de un indígena al poder es un fenómeno positivo,  no podemos desconocer una etapa de bonanza económica, no por gestión del MAS, sino la elevación de los precios de los hidrocarburos. Ahí sí hubo avances, pero no en la proporción que debió haber, hay una serie de gastos innecesarios con matices de corrupción. Yo estoy convencido de que muchos gobernantes del actual régimen han asegurado su patrimonio hasta su cuarta generación.

¿Cómo cree que este proyecto alternativo debería financiarse tomando en cuenta que no hay financiamiento estatal?

Justamente porque no existe todavía una decisión personal, ni siquiera se ha pensado esto.

Pensando en abstracto.

Pensando en abstracto, yo creo que hasta eso debería cambiar. No sólo en Bolivia sino  en Estados Unidos y otros países, se hipotecan los candidatos a las grandes empresas y es por eso que se niegan después a firmar convenios internacionales sobre medioambiente o sobre derechos humanos. Antes de una elección ellos ya se vuelven interdictos, es decir dependientes de fuerzas de poder que están ahí detrás de la cortina. Yo creo que se debería pensar en una forma cualitativamente distinta de financiamiento para afrontar una campaña frente a monstruos electorales. Se debería ver normas más transparentes, más democráticas y más participativas de recaudación de fondos.

¿Cree que se debe concurrir a la elección con Evo como candidato o definitivamente hay que pelear para que Evo no sea candidato?

Hay que pelear hasta el final para que se cumpla el principio. La lucha no es contra Evo, es por la defensa de la Constitución, es por la defensa de la soberanía de un pueblo  que ha dicho NO en las urnas. Ahora, si por encima de la voluntad de todo ese pueblo el señor se impone, es otro tema. Yo sospecho, y subrayo la palabra sospecho, que si el MAS ve que no le puede ir bien en una elección con Evo o sin Evo, estoy casi seguro que va a patear el tablero para que no haya elecciones.

¿No cree que ese momento de desgaste ya lo está viviendo el MAS?

Claro, pero ellos todavía están apostando a dos cosas, primero a habilitar la candidatura y segundo, porque pueden ser corruptos pero no son tontos, es muy difícil que ellos se lancen a la piscina sin saber si hay agua. Y lo digo de manera frontal, el MAS controla en este momento las nueve cortes electorales departamentales, probablemente la nacional esté dubitando. En mi opinión ellos van a buscar las formas más ilegales, pero efectivas para salir airosos de una elección. Obviamente estoy hablando de fraude, si quieren que hable claro, estoy hablando de fraude porque su objetivo es el poder, no es la democracia, ni es la transparencia, ni es la legalidad; su objetivo es mantenerse en el poder, no les interesa si es vía elección o elección fraudulenta o pateando el tablero.

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